martes, 27 de junio de 2017

El viejo Homero abrió la boca y de ella salieron
caballos en carrera, naves resquebrajadas,
toda una ciudad en llamas
se elevó tras la muralla blanca
en la colina de su lengua;
y huían los cordeleros, los labriegos, la madre
de cada muerto tragado por el río.
Habló durante eternidades inmedibles
encerrado en pergaminos y papeles
su piel se desmigó dentro del tiempo
y su mano se hundió en los trigales
para amanecer entre los vivos y los muertos.
Habló durante eternidades inmedibles
y fue escuchado en tierras extrañas y espíritus baldíos
donde se cultivó su hazaña legendaria
de ser ciego y haber visto Ilión ardiendo.
Más inmortal que un dios sobre la hierba
fue visto sobre el río de los hombres
coronado de hiedra se hizo viento
cuando su voz fue revivida en otras lenguas.
Por él Ilión aún sigue ardiendo,
por él cada mañana Hector se levanta,
por él se escucha el martillo de Hefestos bajo el Etna.
El humo de la guerra se levanta en las ciudades
como una lágrima negra en la mejilla de la tierra.
Y Homero habla de la sangre en río enfurecido
cuando hemos sucedido milenariamente,
cuando más a salvo nos creímos.


lunes, 26 de junio de 2017

Tomen la mano con que el viento siembra
el pacifismo místico de los claveles,
y en el acto insomne del que deja huellas
siembren todas las tierras con futuras flores.
Ya no el ideal de la belleza muerta
como lucrecias de cabellos dorados;
una flor de clavel entre las flores
que amaneciera insospechada y nueva.
Aprenderán de nuevo los deslices
por los que avanza el vegetal que vive
junto al dormido murmullo de las piedras.
Sucede entonces que reinterpretan
el pacifismo místico de los claveles.


miércoles, 21 de junio de 2017

El rey de las ranas quería volar,
y con hojas de mora conseguía planear.

En los altos del cielo volaba la garza
y al mirar abajo descubrió la farsa.

-¡Eh, tu! ¡Renacuajo! -gritó el ave blanca.
-¡Vuélvete a la tierra!¡Vuélvete a las aguas!
¡No es ley que pretendas lo que no te alcanza!

No dijo el batracio, en sudor y afán.
Un viento gentil lo tomó del barro
con una cabriola de buenaventura.

En la Luna vive el rey de las ranas.
Cada vez que llueve su pueblo lo canta.


miércoles, 14 de junio de 2017

"Te proclamo
camino
(...)"

Oda a la edad (Pablo Neruda)

Yo te nombro esperanza renacida, 
laurel y olivo y retoño de alce, 
cachorro de la Luna, 
sucesor del sediento en los caminos. 
Yo te anuncio en la puerta de las ciudades
sin lamento y sin grito 
y sin afán ni desespero, 
porque nombro tu rostro 
escalera, farol, penumbra, cueva.
Calavera y destino. 
Más total y más nimio que una flor encinta. 

Cifro la eternidad en tu destino 
y te encomiendo el gesto, la palabra, los signos. 
Toda generación que venga a de ser buena
para la tierra si de tu sangre viene
sobre la faz ausente del invierno
o en la desolación de los calores.

Entonces no te pierdas en la tierra
porque ella dependerá de ti
y gritará tu nombre en sus caminos,
y empujará tu paso hacia sus vientres
para que salves y restituyas
lo eterno y lo fugaz de una semilla.

Yo te nombro farol en la penumbra,
escalera en los valles, cueva
como un grito abierto en la montaña.
Más total y más nimio que una flor encinta.
Protector de la paz donde florece
aún la tierra que cubre al armadillo.

Y si te pesa mucho la ambición ajena,
o si la humanidad ya no te escucha,
guarda dentro de un frasco a las hormigas,
siembra el arbitrario número de brotes
que del último clavel todavía broten.
Ha de pesar al viento más esta pérdida
que aquellas decepciones.


viernes, 9 de junio de 2017

Se corta el hilo por lo más delgado,
o se puede quemar por lo más grueso
donde aguarda paciente la certeza
de haber llegado a tiempo y sin debiendo.
Se corta el hilo y queda el brillo
de la hebra de oro que podía
surtir de maravilla la criatura,
el universo, el techo de una choza.
Allí ha quedado, en la palma inexorable,
el hilo seco de la antigua vida.
No volverá a llamar en aire oscuro,
no volverá a presentir el corazón del río.
Ya solo gas y átomo histérico
sobre la muela de la piedra vieja.


viernes, 2 de junio de 2017

Toma tu corazón sin alimento
y ocúltalo en el borde de la tierra
donde no pueda nadie hallar tu huella
descubriendo tu sed y tu miseria.

Toma tu uña ufana de avaricia
para arrojarla en un volcán ardido
y no perdure nadie de tu especie,
y no se oculte el sol bajo tu eclipse.

Absuélvelos, justicia para otros,
de estar bordeando la dicha a convertirla
en penuria y esfuerzo magro en fruto
o en estadía sin ventura. Líbranos
de contemplar tu ingenio derramando
su ponzoña en la tierra.

No inventes la tortura ni la cumplas,
y llévate tu paso hasta el olvido.
Que ni la sombra soporte tu quebranto,
y hasta el olvido te ahuyente con espanto.

Que te olvide tu madre, tus hermanos,
te desconozcan los hijos de la tierra.
Aun los más bondadosos te desprecien,
sin temor y sin llanto, sin miseria.

Ni tan siquiera el Diablo pueda verte
al rostro sin caerse de vergüenza.


Más bendito que el pan y que los árboles
sea quien levanta su mano sobre el mar
para darle su tierra a las naciones
que a la deriva van.
Más bendito que el pan y que los árboles
pues si así cuida al hombre cuidará
la savia de la rama y la promesa
que ha dormido en el pan.
Y si rescata al hombre y a su hijo
y les rescata el libro y el cachorro
para reunirlos en un campo distinto
aun olvidado su nombre pertenece
a la raza de justos que han venido
con su voz y paciencia a levantar
entre todas las obras la más noble:
aquella que se erige con la paz.


Si, yo conozco a Dios.
Es aburrido.
O, ¡No! No es aburrido.
Él quiso cosas,
que luego no ha podido
o que ya nadie quiso.

Dios levantó las alas
de colibríes y murciélagos,
y en el jardín primero puso chanchos
a hozar en las raíces de la tierra
para que las bellotas despertasen.
Así en la eternidad hizo su obra
y luego se sentó entre las estrellas
más cándido e iluso que una vieja
que amable floreciera entre las piedras.

Se cumplió el tiempo del hongo y la libélula,
la araña elaboró sus hebras,
el hombre y la hormiga crearon el trabajo,
y cada tigre tuvo primaveras.

Dios miraba el sol entre sus dedos.
Velaba por la fe en la maraña
donde él caminó primero.

Entonces sucedió
aquella cosa
que ya no tiene nombre de tan vieja,
que nadie sabe cómo sucediera.
La esquina que torció la telaraña,
en dónde el hambre abandonó la huella.

Dios hace tiempo que se ha buscado extremos
para no oír la voz de su conciencia
que llama en la penumbra de la pena.
Reino del hombre que no ha podido huírse,
hasta el caballo se agobió las crines.

Y aunque pueda pasear entre las sombras
cuando se han ido todos a una siesta,
no es el mismo jardín que él esperaba
cuando inventó los barros y la quena.

Este espejo de sal le ha carcomido el ánimo,
se le antoja una rabia su destino.