domingo, 13 de diciembre de 2015

Si te cortásemos, con un acero helado,
todas las estrellas sangrarían.,
todos los planetas estallarían en llantos.
Un grito interminable desbordaría el universo
y nos perforaría los tímpanos
para cubrirnos con la vergüenza del silencio
porque la belleza se habría roto
como el saco vacío de Odiseo Navegante.

Ningún viento vendría a redimirnos,
la sonrisa del cielo se apagaría.
El agua no podría redimirnos.

Todas las estrellas sangrarían.
Todos los planetas estallarían en llanto.
Toda la sangre se nos helaría.

Estaríamos muertos, arrastrados
por tu muerte sin causa, sin razón, sin perdón.
Por tu sangre sin vida te cubriría la tierra
para curarte en los secretos de sus profundidades.
Pero ella misma estaría muerta con tu muerte.

Y no podríamos.. No podríamos nada..
No tendríamos nada que mostrar.

Estaríamos muertos y muriendo.

El viento nos desarmaría.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Hoy a vuelto a llover,
como llueve en invierno
o al final del otoño
que ya el frío no mata los ratones
pero la lluvia tiene melancolías sobrantes.

Y la torre que nunca termina de erigirse
se envuelve la cabeza en la neblina.
Pero la lluvia vino a rescatarnos
de la dictadura del verano.

Ha vuelto a llover como costumbre
porque los árboles no se movieron,
ninguna rama se curvó hacia el suelo
ni se elevó en un viento desde el cielo.
Todas las sombras recogieron sus bordes
para extenderlos bajo las goteras
como si fuesen hongos floreciendo.

Siempre vuelve a llover.
Eso es lo bueno.


martes, 1 de diciembre de 2015

Si te vieras las manos como yo te las veo
temerías de ser tan debil.
Bajo tu piel recorre un hormiguero
hasta tu corazón sepultado
donde la eternidad cuenta minutos
con la paciencia azul de los océanos.

Si te vieras los ojos como yo te los veo
no me dirías que estoy tan distraído.
Si estoy viendo tus ojos al descuido
del que mira las brasas con cuidado.

Estoy hecho en la guardia del silencio
donde la luz mejor se aprecia en la penumbra,
donde ningun detalle queda descuidado.


¿Quién apagará los incendios?
¿Quién tendrá la tarea de recoger los huesos?
Nuestros niños se hunden en las fauces de hierro,
nadie nunca ha salido vivo del Infierno.

¿Quién dirá las palabras que nos duerman cien años?
¿Si no las dice ahora, entonces cuando?
Tenemos las alas desgajadas y rotas.
Los misiles nos pesan con su sombra.

¿Cómo la ceniza se tumbará en nosotros sin perder la negrura?
¿Cuánto oro echaremos en los volcanes para tapar sus bocas?
No existen soluciones para nudos gordianos,
no tenemos espadas que consigan cortarlos.

¿Quién nos dará la espalda para que lo sigamos?
¿Qué nuevos holocaustos nos aguardan?
Si hasta el viento nos corre sin ladrarnos.
Solo el viento puede ser tan desesperado.