sábado, 28 de noviembre de 2015

Ayer, te vi nacer de nuevo
como crecen los árboles.
De repente en la tarde.
Con el sol en la espalda.
Con la sombra en las manos.
Ayer estabas como el viento.
Flotando en la ternura de la tarde.
Nunca la ciudad me había gustado tanto.


jueves, 26 de noviembre de 2015

¡Gloriosa Estupidez! Que te bendiga
el Papa cuya historia te conoce demasiado.
¡Gloriosa Estupidez! Mancha de arcilla
sobre la sacra gloria del dorado.
Nunca te esfumes, nunca te diluyas.
Nunca laves el sayo de tus dignificados.
Solo los justos pierdan tu camino,
solo a los justos déjalos a salvo.
Mancha a los reyes, marca al sacerdote.
Grábate en la piel de los filósofos.
A los tiranos rózales la frente.

Salva a los justos, míralos sin rabia.
Concédeles tu absolución mas sabia.


Luzbel, que no te compadezco.
Malvado eras y malo serás siempre.
Pero te han expulsado de la tierra
y sin embargo de la tierra eres.

¿A dónde viajarás de refugiado?
¿Qué hueco sideral te dará asilo?
No existen embajadas en el cielo,
no debe haber amparo en el vacío.

A rumiar el odio te condenan
los hijos de la luz clavada.
Ese fue tu trabajo, esta tu pena.
Todo se ha vuelto siempre gloria ajena.
Tanto trabajo terco para nada.

Luzbel de la penumbra y de la pena.
Debe existir dolor en tu condena.


sábado, 14 de noviembre de 2015

No saber que sentir, no estar de luto.

Mi abuela ya se ha muerto y me dejó la pregunta
de no saber que sentir, no estar de luto.
Y aunque nos brille el sol estamos serios.
Toda su muerte ya se ha vuelto lluvia
pero estamos tan lejos.
Estábamos tan lejos en el tiempo y la tierra.
Ella aún navegaba unas antiguas quejas
y nosotros teníamos una ciudad propia y ajena.
Nos vimos, conocíamos el rostro,
pero nunca pudimos alcanzarnos las manos.

Mi abuela era otro tiempo.
Estaba distraída en relatos antiguos
a los que nunca pertenecimos.
Mi abuela ya había muerto hacía veinte años,
cuando yo apenas empezaba a nacer.

Ya se ha magnificado en el retrato afable de los buenos muertos
y asoma a la intemperie de los que respiramos
como la anciana alegre con el rostro aniñado,
para siempre grabada en los antepasados.


domingo, 1 de noviembre de 2015

No me quitéis la risa, que soy la voz del mundo.
No de su rostro acero y hormigón;
sino de sus tugurios, sus muertos, sus esquinas.

Si me sacáis la risa me quedo en la llovizna
y el dolor es total cuando el caballo pasa
en la tortura lenta del peso y de la rueda.

Si me sacáis la risa no puedo ser malvado,
ni dios, ni dinosaurio, ni santo ni poeta.

Maldad sin vocación es mal oficio,
ser dios siempre requiere la guerra y el ruido.
Dinosaurio sería oferta para barrote y circo.
De santo no me atrae y el poeta responde
a la regla infinita de los endecasílabos.
Ya veis, que yo me burle no es regla.
Es necesario, mi risa es profesión.
Hasta los reyes rinden tributos al bufón,
aunque malinterpreten su risa como burla.
No entienden que la risa es al mundo creación.


Gustavo vive acaso por las ramas.
Nunca ha sabido de la selva
y es tonto trapecista de la jaula.
A veces canta solo en la tristeza
de no poder volar con estas alas,
si le cortaron tanto y la pereza
del hierro se le curvó en las garras.

Las moras le consuelan la tristeza
de no poder llegar hasta las ramas,
de no haber tenido compañera,
de no saber volar en la bandada.