lunes, 21 de septiembre de 2015

Mi pobre caballero cubierto de preguntas.
La pena no perdona tu paso tropezante.
A todos nos alcanza cuando no la esperamos,
a todos nos molesta con su inquina hostil.

Pero en tus ojos tiene la claridad de Luna
que solo tiene el paso del caracol sereno,
el cual se adentra solo en la vereda verde
para buscar la hoja que lo ha de consumir.

Mi pobre hidalgo torpe de lengua titubeante.
La pena siempre existe bajo nuestra razón.
Mejor es conocerla que nunca haberla visto,
mejor deja a la noche curarte el corazón.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Miércoles de cenizas
que de fiebre y ahogo está hecho,
que en el asco se encuentra.

Miércoles de ceniza.
Me arden tanto las cejas,
duelen mis lentas rodillas.
No te vayas, todavía.

Seguramente solo tu ternura me cura
este agobio, este dolor de garganta
que se me a vuelto pena.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Indio muerto, blanco muerto, negro muerto, chino muerto.
Todos muertos y enterrados bajo el cinto que llamamos
el Canal de Panamá
que nos ciñe la cintura de la madre que ya nunca podremos conquistar.

América, nunca me dejes.
Te llevo en la memoria.
Tengo la sangre india, negra la cara, blanca la lengua.
Tengo la sangre india, negra la cara, blanca la lengua.

América, por cada muerto
tenemos la triste historia.
Nuestros Andes benditos son espinazo de la memoria,
que descarnada yace para que el viento guarde y profane.

Mejor reírse que andar contando.
Nunca se acaban nuestras desdichas.
Siempre tenemos un nuevo canto,
siempre decimos "no es para tanto."

Mejor reírse mientras podamos,
usted no sabe de lo que canto.
Para que contarle lo que ha pasado.
Afuera llueve y aquí en mi canto
ya suficiente es al decirle:
Estamos vivos, andando vamos.

América, que nombre nuestro.
Suena a bandera que de la guerra nos fue devuelta.
No la levantes, indio; no la desprecies, negro;
no te la olvides, blanco; siempre es inmensa, chino.

Que suerte inmensa, somos América.
Solo los Andes saben cuanto nos cuesta.

Mejor reírse que andar contando.
Aunque algún día los nuestros hijos
tendrán que darse por enterados:
No viven solo ni son contados.
Bajo las piedras duerme Atahualpa,
Caballo Loco, Pizarro, Pedro.
Bajo la selva duerme anaconda,
sobre las ramas yaguareté.
Junto al río el padre oso,
dentro del río se duerme el pez.
Y por encima vaga la garza.
Nunca decirles es suficiente,
siempre les falta tierra e historia.


La noche en que Dios y yo dejamos de encontrarnos
fue una noche cualquiera y entonces la más triste.
Yo había escuchado de él en mi abuela rezando,
en mi madre diciendo "Ay, Dios santo",
en los dorados crucifijos de rosarios cualquieras.
Pero nunca había ido a pedirle favores,
a rezar y cumplir los ritos que otros niños aprendían de memoria.
Dios era una pregunta que nadie respondía.
Y en ese dios creía, de una forma lejana.
Como en Papá Noel, como en Don Juan el Zorro.

Aquella noche tonta teníamos un gato
con los dientes cambiando y el lomo renegrido.
Corriendo tras de él lo pisé en las costillas
y se volvió una muerte sin heridas
que no parecía terminar de morirse.

Nunca mejor rezar que en esas horas,
que de tristeza parecían estar hechas.
Nunca mejor decir que alguien me ayude
cuando nadie podía.

La soledad de un niño es más grande que el sol
y más grande se vuelve cuando se marcha Dios.

Pero el gato murió cuando se iba la Luna,
más allá de los techos y columnas.
Y nunca me contestó la noche
ni los rosales movieron sus impasibles flores.
No vino a decirme que aquel gato había ido
a un cielo donde todos los peces
estaban permitidos
y donde todas las nubes estaban arañables.

Dios no vino esa noche
ni ninguna otra noche.
Y yo quedé para siempre con la conciencia impía
del que sabe que ha muerto y no debía.

Nunca pude permitirme creer,
nunca ofrecí disculpas al Dios que no quería
salvar los asesinados en nuestra marcha insomne.
No volvimos a vernos ni a pedirnos favores.

Lo encontré, después de algunos años, en la ciudad tardía.
Pero ya no eramos las caras conocidas.
El estaba manchado de demasiada historia,
yo arrastraba aún mi terca adolescencia.
Estábamos mas lejos de lo que imaginamos,
ni siquiera pudimos saludarnos.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Nunca nos quisimos demasiado.
Estaba dicho ya que nos separaríamos
cuando a la cuerda tensa le sería demasiado.

Eramos cómplices, niños, alguna inocencia
que nos cubrió la oreja con su sombra.

Pero ya estaba dicho que íbamos distintos
para caminos anchos donde nos faltaríamos.
Y no tardó en decirse lo que ya se sabía.

Ahora ya estamos lejos. Demasiado
tan lejos para no regresarnos.
No existe hilo que teja esta deshilvanada
senda que hemos partido.
Ningún árbol nos queda de sombra en el camino.


martes, 8 de septiembre de 2015

No me preguntes más, que no tengo respuestas.
Soy solo admirador de tus palabras bellas
pero no digo nada que resuelva
la terca soledad de tu pregunta.

Yo he sido así, de afuera, hasta aburrirme
y elegí el desencanto como forma.
Tuve tus ojos claros de la duda 
y me esfume en la rabia de la Luna.
Llegué hasta el cansancio 
donde ahora duermo mis largas horas.

No me interrogues más, estoy de piedra.
Ya hace un largo tiempo que encontré mi respuesta
y me dormí sobre mi helecho azul de la paciencia.
Pero viniste a requerir una sabiduría
que nunca encontré ni tuve ni tenía.
No me mires así, hay solo pena
en esa senda obtusa que empecinas.

Mejor déjame hablar de maravillas,
como el gorrión que vuela a primavera.
Mejor déjame estar sobre la arena.
No me mires así, no soy tan sabio.
Solo digo mentiras. No me creas.


¿Acaso no habitamos la edad del desencanto?
Y damos a las nubes un aire de tragedia.
Estas horas marchitas justifican la pena
de amar sin entusiasmo, de andar en el ocaso.

Y aún no somos viejos.
Pero el cansancio ya nos come los huesos.

Adelante voy, mi candil no te guía
más que a tientas en una cueva antigua
donde la soledad nos pesa en la conciencia.

Muchacho, que ternura es esta pena tuya.
En tus ojos morenos mi solitaria queja
refleja la impaciencia del que busca y no encuentra.


Es cierto, la amistad es un largo camino
de la desilusión al desencanto;
vamos con un afán de explorador
para otear rincones personales
donde encontrar virtudes y desmanes.

No llueve nunca a tiempo ni se queda
el sol sobre el camino más exacto.
Cada intento se condena al fracaso
y damos con la aguja cuando no la esperamos.

A veces le miramos los ojos
y estamos sin decir porque nos sobra.
No es bueno dar con suerte cada paso
pero amistad es suerte sin medida.


Que parte de mi voz se me ha perdido
que me cuesta cantar con la garganta
mas muerta que dormida, tan estanca.

Mi edad no me permite el abandono,
tan joven de los huesos y tan viejo
que el alma entera se me cae a pedazos.

Déjenme dormir que afuera llora
el perro atado en la cadena loca.
Nadie lo suelta, todos ya lo ignoran.

Si postrado en la cama ya no quiero
ni levantar la voz ni alzar las manos.
De pronto oscuridad me colma el ansia.

Hastío me nombran esta desesperanza
donde no queda fingir sobre la herida
mas que el aburrimiento de la siesta.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Es cierto: nos encontramos
después de andar sin rumbo fijo.
¿A donde vamos si todo es adelante?
Somos nomás los hombres que critican
y en esta soledad de ni querernos
nos miramos los ojos sin rencores.
Al fin nos alcanzó el vasto milagro de la amistad.

Estamos solos, cada uno en su pena.
Pero a veces volvemos a encontrarnos
en nuestra inquietud existencial.
Ninguno de los dos tenemos la respuesta.

Estamos infinitamente solos,
yo a veces lo sé casi orgullosamente,
vos lo sabes a veces por tristeza.
Pero volvemos a nuestra soledad acompañada
para decir que no somos tan solos.
Que nunca dura tanto la miseria.


A veces el mundo se esfuerza por llegarnos
y pisamos la mierda de las calles
para llevarla hasta que nunca podamos olvidarla.

Tengo la maldición de la memoria
pegada en la suela del calzado:
desde la mierda hasta la goma
recorrimos un largo camino del olvido
y sin embargo estamos todavía
parados al inicio de la miseria.


sábado, 5 de septiembre de 2015

En cada gato existe un misterio infinito
de no saber que habita mas allá de sus ojos,
que razones le impulsan la cautela y la gracia.

Se esparcen por las horas del día.
Algunos monopolizan los pasos de la noche
pero otros se muestran en la tarde
absorbiendo vibraciones de la luz
fatigando los ojos se duermen al sol.

Algún consumido de vino los llamó femeninos.
Nada más lejos y nada más errado.
Quien mezclo tan diferentes ámbitos no ha visto un gato nacer.
Se rompen de un quejoso desprendimiento de la vida
y nada es tan profundo como su primer grito.

Mirad bien. No existe en su gracia carácter femenino
ni tienen en su cola un vibrar de varón.
Son algo indefinible. Quizá están hechos 
del ser incognoscible que buscaba Platón.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Fui un niño delicado que ni correr sabía.
Nunca llegaba a tiempo al chiste
y cuando comprendí
porque se reían tanto fingí la risa
y quedé para siempre fuera de los espacios.

Yo sabía construir castillos con ladrillos.
El árbol solitario detrás de mi entonces casa
sabe muy bien de lo que hablo.
Sus raíces y mis piedras mas de una vez frenaron
ejércitos de orcos que nadie más podía.

Mi juego de la infancia
tenía nombre de nórdico enano
y se llamaba Tolkien,
hablando con la lengua trabada.

Dibujé un conejo,
creo que a los diez años,
y en la cara de ellos mire mi propia cara.
Nunca la soledad me había costado tanto.
Un conejo pastoso de tinta azul oscura.
Quizá por él escriba en negro o rojo.

De chico ya sabía que no hay Ratón con dientes,
ni hay Papá Noel ni hay Hadas madrinas.
Creí en los dinosaurios antes que en Dios
y siempre era el hereje de la clase
que más rápido llegaba a la mentira.
Nunca aprendí las tablas,
que algunos aseguran sirven para restar.

Me canse una mañana
y cuando me cruzaron puse muy mala cara.
Tenía una trincheta en el bolsillo.
Nunca he sido asesino
pero sabía mentir, mejor que aquellos niños.
Fue la primera vez que me llamaron loco.

Fui un niño esforzado
que nunca tuvo éxito en matemáticas
hasta que ya fue tarde y no hacía falta.
Nunca aprendí a decir que fácil terminé
deme otro ejercicio.

Ojalá me hubiesen dejado dibujar conejos y ranchitos.
Pero ellas sabía que un día dividir iba a ser importante,
igual que la bandera, jurar lo inintendible,
decir hello, goodbye, son diez y veintisiete.

Nunca crecí igual que los demás cachorros.
No estaba destinado al fútbol del domingo.
A veces aún los miro, como solía mirarlos
cuando en quinto año jugaban a las cartas
y todos se gritaban al oído.

Yo estaba hecho para escribir mentiras.


martes, 1 de septiembre de 2015

Vengan, digamosles que antes fueron grandes.
Pero ya han muerto sus caciques
y Victorica es el nombre de nuestras escuelas.
Barrio toba, nombre pobre, tierra negra
de ceniza de tristeza de miseria.
La victoria les creció sobre las lanzas.

Ay, cacique, ¿como salvas
a tu pueblo que se cae?
¿Como limpias a tu tierra de la mugre,
de la carne que se rompe?

Dile al brujo que te salve.
Esta tristeza ya te come la piel.