domingo, 13 de diciembre de 2015

Si te cortásemos, con un acero helado,
todas las estrellas sangrarían.,
todos los planetas estallarían en llantos.
Un grito interminable desbordaría el universo
y nos perforaría los tímpanos
para cubrirnos con la vergüenza del silencio
porque la belleza se habría roto
como el saco vacío de Odiseo Navegante.

Ningún viento vendría a redimirnos,
la sonrisa del cielo se apagaría.
El agua no podría redimirnos.

Todas las estrellas sangrarían.
Todos los planetas estallarían en llanto.
Toda la sangre se nos helaría.

Estaríamos muertos, arrastrados
por tu muerte sin causa, sin razón, sin perdón.
Por tu sangre sin vida te cubriría la tierra
para curarte en los secretos de sus profundidades.
Pero ella misma estaría muerta con tu muerte.

Y no podríamos.. No podríamos nada..
No tendríamos nada que mostrar.

Estaríamos muertos y muriendo.

El viento nos desarmaría.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Hoy a vuelto a llover,
como llueve en invierno
o al final del otoño
que ya el frío no mata los ratones
pero la lluvia tiene melancolías sobrantes.

Y la torre que nunca termina de erigirse
se envuelve la cabeza en la neblina.
Pero la lluvia vino a rescatarnos
de la dictadura del verano.

Ha vuelto a llover como costumbre
porque los árboles no se movieron,
ninguna rama se curvó hacia el suelo
ni se elevó en un viento desde el cielo.
Todas las sombras recogieron sus bordes
para extenderlos bajo las goteras
como si fuesen hongos floreciendo.

Siempre vuelve a llover.
Eso es lo bueno.


martes, 1 de diciembre de 2015

Si te vieras las manos como yo te las veo
temerías de ser tan debil.
Bajo tu piel recorre un hormiguero
hasta tu corazón sepultado
donde la eternidad cuenta minutos
con la paciencia azul de los océanos.

Si te vieras los ojos como yo te los veo
no me dirías que estoy tan distraído.
Si estoy viendo tus ojos al descuido
del que mira las brasas con cuidado.

Estoy hecho en la guardia del silencio
donde la luz mejor se aprecia en la penumbra,
donde ningun detalle queda descuidado.


¿Quién apagará los incendios?
¿Quién tendrá la tarea de recoger los huesos?
Nuestros niños se hunden en las fauces de hierro,
nadie nunca ha salido vivo del Infierno.

¿Quién dirá las palabras que nos duerman cien años?
¿Si no las dice ahora, entonces cuando?
Tenemos las alas desgajadas y rotas.
Los misiles nos pesan con su sombra.

¿Cómo la ceniza se tumbará en nosotros sin perder la negrura?
¿Cuánto oro echaremos en los volcanes para tapar sus bocas?
No existen soluciones para nudos gordianos,
no tenemos espadas que consigan cortarlos.

¿Quién nos dará la espalda para que lo sigamos?
¿Qué nuevos holocaustos nos aguardan?
Si hasta el viento nos corre sin ladrarnos.
Solo el viento puede ser tan desesperado.


sábado, 28 de noviembre de 2015

Ayer, te vi nacer de nuevo
como crecen los árboles.
De repente en la tarde.
Con el sol en la espalda.
Con la sombra en las manos.
Ayer estabas como el viento.
Flotando en la ternura de la tarde.
Nunca la ciudad me había gustado tanto.


jueves, 26 de noviembre de 2015

¡Gloriosa Estupidez! Que te bendiga
el Papa cuya historia te conoce demasiado.
¡Gloriosa Estupidez! Mancha de arcilla
sobre la sacra gloria del dorado.
Nunca te esfumes, nunca te diluyas.
Nunca laves el sayo de tus dignificados.
Solo los justos pierdan tu camino,
solo a los justos déjalos a salvo.
Mancha a los reyes, marca al sacerdote.
Grábate en la piel de los filósofos.
A los tiranos rózales la frente.

Salva a los justos, míralos sin rabia.
Concédeles tu absolución mas sabia.


Luzbel, que no te compadezco.
Malvado eras y malo serás siempre.
Pero te han expulsado de la tierra
y sin embargo de la tierra eres.

¿A dónde viajarás de refugiado?
¿Qué hueco sideral te dará asilo?
No existen embajadas en el cielo,
no debe haber amparo en el vacío.

A rumiar el odio te condenan
los hijos de la luz clavada.
Ese fue tu trabajo, esta tu pena.
Todo se ha vuelto siempre gloria ajena.
Tanto trabajo terco para nada.

Luzbel de la penumbra y de la pena.
Debe existir dolor en tu condena.


sábado, 14 de noviembre de 2015

No saber que sentir, no estar de luto.

Mi abuela ya se ha muerto y me dejó la pregunta
de no saber que sentir, no estar de luto.
Y aunque nos brille el sol estamos serios.
Toda su muerte ya se ha vuelto lluvia
pero estamos tan lejos.
Estábamos tan lejos en el tiempo y la tierra.
Ella aún navegaba unas antiguas quejas
y nosotros teníamos una ciudad propia y ajena.
Nos vimos, conocíamos el rostro,
pero nunca pudimos alcanzarnos las manos.

Mi abuela era otro tiempo.
Estaba distraída en relatos antiguos
a los que nunca pertenecimos.
Mi abuela ya había muerto hacía veinte años,
cuando yo apenas empezaba a nacer.

Ya se ha magnificado en el retrato afable de los buenos muertos
y asoma a la intemperie de los que respiramos
como la anciana alegre con el rostro aniñado,
para siempre grabada en los antepasados.


domingo, 1 de noviembre de 2015

No me quitéis la risa, que soy la voz del mundo.
No de su rostro acero y hormigón;
sino de sus tugurios, sus muertos, sus esquinas.

Si me sacáis la risa me quedo en la llovizna
y el dolor es total cuando el caballo pasa
en la tortura lenta del peso y de la rueda.

Si me sacáis la risa no puedo ser malvado,
ni dios, ni dinosaurio, ni santo ni poeta.

Maldad sin vocación es mal oficio,
ser dios siempre requiere la guerra y el ruido.
Dinosaurio sería oferta para barrote y circo.
De santo no me atrae y el poeta responde
a la regla infinita de los endecasílabos.
Ya veis, que yo me burle no es regla.
Es necesario, mi risa es profesión.
Hasta los reyes rinden tributos al bufón,
aunque malinterpreten su risa como burla.
No entienden que la risa es al mundo creación.


Gustavo vive acaso por las ramas.
Nunca ha sabido de la selva
y es tonto trapecista de la jaula.
A veces canta solo en la tristeza
de no poder volar con estas alas,
si le cortaron tanto y la pereza
del hierro se le curvó en las garras.

Las moras le consuelan la tristeza
de no poder llegar hasta las ramas,
de no haber tenido compañera,
de no saber volar en la bandada.


viernes, 30 de octubre de 2015

La placidez de Dios que la rodea
le envolvió los miembros en velos blanquecinos.
Debajo de la capa de mesura
que salva al cuerpo de la tierra
la monja se hace vieja e imperfecta.
Quizá el alma se le perdió en los velos
porque los ojos vacuos y pacíficos
desde el talle generoso y grueso
parecen los de un Apis que dormita
perdido en la penumbra de la Luna.

Vagan en la ciudad, culpables y severas
como si fuesen pájaros dolidos
por una lluvia que les dejó la pena.
Quizá ellas aún lloran nuestro olvido
por un antiguo crimen que dejamos
teñido de vestigio y desencanto.


lunes, 26 de octubre de 2015

Cuando yo no nacía todavía
los árboles tenían su lenguaje de señas
y todas las preguntas ya habían sido formuladas
cuando yo no nacía todavía.

Ya los grillos vagaban su mensaje divino
cuando yo no nacía todavía
sobre esta tierra hecha jarrones y colores
por otras manos anteriores
cuando yo no nacía todavía,
pero ya habían descifrado los humores del viento
y la luz de los faros atisbaba la niebla de los sueños
cuando yo no nacía todavía
pero en el monte espeso la tierra daba fuerzas
al último quebracho huido del progreso
cuando yo no nacía todavía.

Ya las hojas cumplían su millón de estaciones
cuando yo no nacía todavía
y tenían más abuelos que los que yo tendría
porque el mundo dejaba una estela de días
y nadaba en el cosmos más antiguo que el cielo,
mas antiguo que el rito de los renacimientos
cuando yo no nacía todavía,
pero todas las cosas ya habían sido dichas.


jueves, 15 de octubre de 2015

Mi madre, endurecida en algarrobo,
construyó una casa a base de columnas
junto a la rama seca, tronchada y persistente
que eligió de memoria y cuidó como un hijo.

Mi madre, catedrática, lavandera y criadora,
estaba hecha del árbol que crece entre los montes,
solitario y agreste, siempre frente a los vientos
que le quiebran las ramas sin arrancar raíces.
Mi madre, la ladrona de libros mal cuidados,
cosechó la dureza de la gente y la tierra.
Hizo surcos parejos, para futuras siembras.
Calculó mal el tiempo y se cimbró los tientos
del mundo que no sabe su nombre ni su calle.
Cuando llegó a Sylvina tenía 30 años,
un nombre, varios hijos, los dolores, los días.
Ya sabía del agua y el hambre, de la noche.
De todo ya sabía. Y en otras que creía.

Mi madre, hecha algarrobo, estaba destinada a las verdades
y en vez de la palabra le sucedió la vida.
Y fue madre y poeta de horas tardías,
lavandera y cantante de canciones perdidas,
morena y solitaria de la tarde y otoño.
Pero nunca caía, si caminando iba.
Hasta aquella hora del perro enloquecido,
del resbalón, del grito, de su bastón de escoba.

Mi madre tiene todas las desgracias encima.
Y toda la dureza. Sabe callar despacio.
Sabe cortar miseria, sabe pintar ternuras.
Mi madre no termina, abarca años ignotos.
Calcula la distancia con medidas distintas,
de esas que solo saben los que han sobrevivido
el cuero al desatino y la mala poesía.

Mi madre viaja sola, no grita ni se queja,
adusta y solitaria, fue madre en las peores épocas.
La he visto en madrugadas de inviernos
cuando las gatas paren y el mundo las ignora
reírse porque sabe que un gato es algo bello
y más cuando, recién inaugurado, ya exhibe garras.

Apenas si decía una palabra la tarde en que la hija
le dijo que era hora y que se iba.
Volvió sobre sus pasos y mucho nos tardamos
en entender que adentro tal vez ya ella lloraba.
No ha dicho que nos quiere ni dice cuando extraña
pero se nota mucho cuando la casa brilla
y en la puerta somos extraños bienvenidos.

Mi madre tiene el alma de la india paciente
que apenas si se queja y que a veces se enoja
como si desde abajo se rajara la tierra.
Tiene esa dureza que el español tenía
para enfrentar océanos de ignorancia,
apenas compañía del perro que no cesa.

Ha sido rescatista, jardinera y astróloga.
La llamaron presumida y esquiva,
quejosa y profesora.
Tiene un curso abierto con las edades que llegan.
Perdida en la penumbra de esta gran telaraña,
nos mira en la distancia con la tormenta propia
del que sabe y se calla.


lunes, 12 de octubre de 2015

Un día voy a tener que decirte muchas gracias,
como nunca hice porque nunca acostumbro
a saludar, pedir, dar las disculpas
que el protocolo usual me recrimina.

Pero nunca te dije que debía
el encanto a tu habla,
la pasión a tu boca,
la ilusión a tu sombra;
porque nunca pudimos decirnos las cosas necesarias
en este divagar de sinrazones
al que llegamos solos
y del que solos nos iremos.

Porque sin duda un día nos iremos más lejos
de lo que hemos estado,
aún las veces que conseguíamos quedar juntos,
y que nos quedará más que decirnos gracias
y no volver a vernos.


sábado, 10 de octubre de 2015

No nos quisimos tanto, si no sabíamos
de que forma querer lo que teníamos.
Somos los dos la forma del olvido
que siempre busca, encuentra y abandona
en un rincón la piedra que encandila
apenas un momento en la sorpresa.

No había entonces manera de querernos
como después quisimos y perdimos.
Vamos siempre mas rápidos que lerdos,
y toda rapidez esquiva el verso.

Pero quedamos heridos y maltrechos.
Mal se llevó la guerra en la ternura
si tanta rabia pierde el asidero
y en la caída nos arrastró a la lluvia,
al frío, a la pelea. A la vergüenza.

Que amarga soledad es la condena
de haber tomada a mal tanta ternura.
Nunca se cruza libre una cadena.
Ahora lo se, entonces no sabía.
Toda la soledad emana de la pena.


"Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado."

La lluvia -Jorge Luis Borges


Algunos han sobrevivido a la intensidad que desmiga los siglos
y llevan aún sus palabras mil veces transcritas
hablando de mundos que hace tiempo perdimos.

Algunos aún recitan en la antigua lengua de los ritos
su furia, su pasión, el nombre nunca suficientemente escrito;
y los oímos vagamente, más allá de nuestros muros
tan esforzada y tercamente levantados
con nuestros nuevos símbolos y palabras.

Sobrevivieron al fuego y la paciencia
les creció como una flor que se reclina
dormida bajo el peso del rocío.
Tanto mirar al cielo desde el agua
sus nombres se pulieron y perfectos,
hechos palabras que susurran versos
aún hablan de la lluvia como si nunca se hubiese detenido.
Hasta aquí y este final de otoño tan tardío.

Que triste Alejandría iluminada.
De cada libro ardió una vida entera.
Cual amapolas secas se nos fueron
a dormitar donde nadie los lea
y nos quedamos solos entre el fuego.
Con los dedos cubiertos de ceniza.
Con la miseria ardida del silencio.


jueves, 8 de octubre de 2015

La alegría nunca sirve para decir mentiras;
pero en cambio Tristeza, mi adorada Tristeza,
tiene adornos y bordados y flores
que llevaría una vida describirla completa.
Y aún así tantos grises nos quedarían afuera
lloviendo solitarios como perros de invierno,
como raíces de mayo, como julio y sus daños.

Ya nunca más tocamos la orilla en esta pena
cuando embarcamos serios y ligeros de quejas
pero la melancolía nos conquistó las cejas
y todo el equipaje son papeles y flores
dormidas y resecas cual viejos faraones.

Mejor tocar la música de la puerta y la lluvia,
del invierno tardío que resiste y se esfuerza
de nuevo en esa rama donde ya el fresno crece
pero sabiendo siempre que no se puede ser.

Mejor mirar los ojos profundos y el bostezo
del mundo cuando crece tan frente a la nariz
dentro de caracoles que huyeron hace tiempo,
como si el Minotauro dejase a nuestros pies
su infame laberinto de tenebrosa muerte.
en estos rinconcitos donde el viento se mece
y donde Ella se duerme tan gris como fue ayer.


sábado, 3 de octubre de 2015

En esta ciudad y en estas horas
el invierno aún no encuentra manera de morirse
como no sea dejando su herencia de lloviznas,
de penas tutelares que nos guíen
aunque no sepamos bien a donde o porqué,
si solo nos pesan los ojos y un poco el corazón
pero seguimos vivos y mordientes.

¿A donde vamos, si todo es adelante?
Con este invierno agonizante donde vivo
que me recuerda cotidianamente
la anciana de la que vengo y que se muere
en otra ciudad tan sucia y tan confusa como esta.

Entonces salgo a mis calles de ratón enjaulado
y en mi rueda costumbrista giro una vez más
como si no muriese lenta y perversamente
esta misma calle desmigada teñida abandonada.

No importa que tan lejos pretendamos.
La muerte siempre sigue más cerca nuestros pasos.
y siempre toca con su dedo lejano y desgraciado
la frente de los viejos que nunca quisimos demasiado.

Como digo, voy camino de agonía
y la tristeza tiene la forma de la torre
con sus ventanas huecas.
En alguna ventana alguien me mira;
mas arriba mi abuela que se muere
y destiñe una inmensa impaciencia.
¿En que ventana estas que no te veo?

Solo esta biblioteca polifémica
que ciega sus ventanas elevadas,
y a donde vuelvo los días en que puedo escaparme,
está a salvo de aquella miseria quebradiza.
Aquí cada libro se duerme en sus propias mentiras
con afán de verdad y de templo, de supremo y de ciencia.
No hace falta gemir si estas salas no tienen corazón o razón.
Aquí por decreto todos somos felices, más vivos que muertos
y el invierno, el otoño, el verano no tocan la puerta.
Que los dioses bendigan esta tonta mentira.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Mi pobre caballero cubierto de preguntas.
La pena no perdona tu paso tropezante.
A todos nos alcanza cuando no la esperamos,
a todos nos molesta con su inquina hostil.

Pero en tus ojos tiene la claridad de Luna
que solo tiene el paso del caracol sereno,
el cual se adentra solo en la vereda verde
para buscar la hoja que lo ha de consumir.

Mi pobre hidalgo torpe de lengua titubeante.
La pena siempre existe bajo nuestra razón.
Mejor es conocerla que nunca haberla visto,
mejor deja a la noche curarte el corazón.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Miércoles de cenizas
que de fiebre y ahogo está hecho,
que en el asco se encuentra.

Miércoles de ceniza.
Me arden tanto las cejas,
duelen mis lentas rodillas.
No te vayas, todavía.

Seguramente solo tu ternura me cura
este agobio, este dolor de garganta
que se me a vuelto pena.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Indio muerto, blanco muerto, negro muerto, chino muerto.
Todos muertos y enterrados bajo el cinto que llamamos
el Canal de Panamá
que nos ciñe la cintura de la madre que ya nunca podremos conquistar.

América, nunca me dejes.
Te llevo en la memoria.
Tengo la sangre india, negra la cara, blanca la lengua.
Tengo la sangre india, negra la cara, blanca la lengua.

América, por cada muerto
tenemos la triste historia.
Nuestros Andes benditos son espinazo de la memoria,
que descarnada yace para que el viento guarde y profane.

Mejor reírse que andar contando.
Nunca se acaban nuestras desdichas.
Siempre tenemos un nuevo canto,
siempre decimos "no es para tanto."

Mejor reírse mientras podamos,
usted no sabe de lo que canto.
Para que contarle lo que ha pasado.
Afuera llueve y aquí en mi canto
ya suficiente es al decirle:
Estamos vivos, andando vamos.

América, que nombre nuestro.
Suena a bandera que de la guerra nos fue devuelta.
No la levantes, indio; no la desprecies, negro;
no te la olvides, blanco; siempre es inmensa, chino.

Que suerte inmensa, somos América.
Solo los Andes saben cuanto nos cuesta.

Mejor reírse que andar contando.
Aunque algún día los nuestros hijos
tendrán que darse por enterados:
No viven solo ni son contados.
Bajo las piedras duerme Atahualpa,
Caballo Loco, Pizarro, Pedro.
Bajo la selva duerme anaconda,
sobre las ramas yaguareté.
Junto al río el padre oso,
dentro del río se duerme el pez.
Y por encima vaga la garza.
Nunca decirles es suficiente,
siempre les falta tierra e historia.


La noche en que Dios y yo dejamos de encontrarnos
fue una noche cualquiera y entonces la más triste.
Yo había escuchado de él en mi abuela rezando,
en mi madre diciendo "Ay, Dios santo",
en los dorados crucifijos de rosarios cualquieras.
Pero nunca había ido a pedirle favores,
a rezar y cumplir los ritos que otros niños aprendían de memoria.
Dios era una pregunta que nadie respondía.
Y en ese dios creía, de una forma lejana.
Como en Papá Noel, como en Don Juan el Zorro.

Aquella noche tonta teníamos un gato
con los dientes cambiando y el lomo renegrido.
Corriendo tras de él lo pisé en las costillas
y se volvió una muerte sin heridas
que no parecía terminar de morirse.

Nunca mejor rezar que en esas horas,
que de tristeza parecían estar hechas.
Nunca mejor decir que alguien me ayude
cuando nadie podía.

La soledad de un niño es más grande que el sol
y más grande se vuelve cuando se marcha Dios.

Pero el gato murió cuando se iba la Luna,
más allá de los techos y columnas.
Y nunca me contestó la noche
ni los rosales movieron sus impasibles flores.
No vino a decirme que aquel gato había ido
a un cielo donde todos los peces
estaban permitidos
y donde todas las nubes estaban arañables.

Dios no vino esa noche
ni ninguna otra noche.
Y yo quedé para siempre con la conciencia impía
del que sabe que ha muerto y no debía.

Nunca pude permitirme creer,
nunca ofrecí disculpas al Dios que no quería
salvar los asesinados en nuestra marcha insomne.
No volvimos a vernos ni a pedirnos favores.

Lo encontré, después de algunos años, en la ciudad tardía.
Pero ya no eramos las caras conocidas.
El estaba manchado de demasiada historia,
yo arrastraba aún mi terca adolescencia.
Estábamos mas lejos de lo que imaginamos,
ni siquiera pudimos saludarnos.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Nunca nos quisimos demasiado.
Estaba dicho ya que nos separaríamos
cuando a la cuerda tensa le sería demasiado.

Eramos cómplices, niños, alguna inocencia
que nos cubrió la oreja con su sombra.

Pero ya estaba dicho que íbamos distintos
para caminos anchos donde nos faltaríamos.
Y no tardó en decirse lo que ya se sabía.

Ahora ya estamos lejos. Demasiado
tan lejos para no regresarnos.
No existe hilo que teja esta deshilvanada
senda que hemos partido.
Ningún árbol nos queda de sombra en el camino.


martes, 8 de septiembre de 2015

No me preguntes más, que no tengo respuestas.
Soy solo admirador de tus palabras bellas
pero no digo nada que resuelva
la terca soledad de tu pregunta.

Yo he sido así, de afuera, hasta aburrirme
y elegí el desencanto como forma.
Tuve tus ojos claros de la duda 
y me esfume en la rabia de la Luna.
Llegué hasta el cansancio 
donde ahora duermo mis largas horas.

No me interrogues más, estoy de piedra.
Ya hace un largo tiempo que encontré mi respuesta
y me dormí sobre mi helecho azul de la paciencia.
Pero viniste a requerir una sabiduría
que nunca encontré ni tuve ni tenía.
No me mires así, hay solo pena
en esa senda obtusa que empecinas.

Mejor déjame hablar de maravillas,
como el gorrión que vuela a primavera.
Mejor déjame estar sobre la arena.
No me mires así, no soy tan sabio.
Solo digo mentiras. No me creas.


¿Acaso no habitamos la edad del desencanto?
Y damos a las nubes un aire de tragedia.
Estas horas marchitas justifican la pena
de amar sin entusiasmo, de andar en el ocaso.

Y aún no somos viejos.
Pero el cansancio ya nos come los huesos.

Adelante voy, mi candil no te guía
más que a tientas en una cueva antigua
donde la soledad nos pesa en la conciencia.

Muchacho, que ternura es esta pena tuya.
En tus ojos morenos mi solitaria queja
refleja la impaciencia del que busca y no encuentra.


Es cierto, la amistad es un largo camino
de la desilusión al desencanto;
vamos con un afán de explorador
para otear rincones personales
donde encontrar virtudes y desmanes.

No llueve nunca a tiempo ni se queda
el sol sobre el camino más exacto.
Cada intento se condena al fracaso
y damos con la aguja cuando no la esperamos.

A veces le miramos los ojos
y estamos sin decir porque nos sobra.
No es bueno dar con suerte cada paso
pero amistad es suerte sin medida.


Que parte de mi voz se me ha perdido
que me cuesta cantar con la garganta
mas muerta que dormida, tan estanca.

Mi edad no me permite el abandono,
tan joven de los huesos y tan viejo
que el alma entera se me cae a pedazos.

Déjenme dormir que afuera llora
el perro atado en la cadena loca.
Nadie lo suelta, todos ya lo ignoran.

Si postrado en la cama ya no quiero
ni levantar la voz ni alzar las manos.
De pronto oscuridad me colma el ansia.

Hastío me nombran esta desesperanza
donde no queda fingir sobre la herida
mas que el aburrimiento de la siesta.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Es cierto: nos encontramos
después de andar sin rumbo fijo.
¿A donde vamos si todo es adelante?
Somos nomás los hombres que critican
y en esta soledad de ni querernos
nos miramos los ojos sin rencores.
Al fin nos alcanzó el vasto milagro de la amistad.

Estamos solos, cada uno en su pena.
Pero a veces volvemos a encontrarnos
en nuestra inquietud existencial.
Ninguno de los dos tenemos la respuesta.

Estamos infinitamente solos,
yo a veces lo sé casi orgullosamente,
vos lo sabes a veces por tristeza.
Pero volvemos a nuestra soledad acompañada
para decir que no somos tan solos.
Que nunca dura tanto la miseria.


A veces el mundo se esfuerza por llegarnos
y pisamos la mierda de las calles
para llevarla hasta que nunca podamos olvidarla.

Tengo la maldición de la memoria
pegada en la suela del calzado:
desde la mierda hasta la goma
recorrimos un largo camino del olvido
y sin embargo estamos todavía
parados al inicio de la miseria.


sábado, 5 de septiembre de 2015

En cada gato existe un misterio infinito
de no saber que habita mas allá de sus ojos,
que razones le impulsan la cautela y la gracia.

Se esparcen por las horas del día.
Algunos monopolizan los pasos de la noche
pero otros se muestran en la tarde
absorbiendo vibraciones de la luz
fatigando los ojos se duermen al sol.

Algún consumido de vino los llamó femeninos.
Nada más lejos y nada más errado.
Quien mezclo tan diferentes ámbitos no ha visto un gato nacer.
Se rompen de un quejoso desprendimiento de la vida
y nada es tan profundo como su primer grito.

Mirad bien. No existe en su gracia carácter femenino
ni tienen en su cola un vibrar de varón.
Son algo indefinible. Quizá están hechos 
del ser incognoscible que buscaba Platón.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Fui un niño delicado que ni correr sabía.
Nunca llegaba a tiempo al chiste
y cuando comprendí
porque se reían tanto fingí la risa
y quedé para siempre fuera de los espacios.

Yo sabía construir castillos con ladrillos.
El árbol solitario detrás de mi entonces casa
sabe muy bien de lo que hablo.
Sus raíces y mis piedras mas de una vez frenaron
ejércitos de orcos que nadie más podía.

Mi juego de la infancia
tenía nombre de nórdico enano
y se llamaba Tolkien,
hablando con la lengua trabada.

Dibujé un conejo,
creo que a los diez años,
y en la cara de ellos mire mi propia cara.
Nunca la soledad me había costado tanto.
Un conejo pastoso de tinta azul oscura.
Quizá por él escriba en negro o rojo.

De chico ya sabía que no hay Ratón con dientes,
ni hay Papá Noel ni hay Hadas madrinas.
Creí en los dinosaurios antes que en Dios
y siempre era el hereje de la clase
que más rápido llegaba a la mentira.
Nunca aprendí las tablas,
que algunos aseguran sirven para restar.

Me canse una mañana
y cuando me cruzaron puse muy mala cara.
Tenía una trincheta en el bolsillo.
Nunca he sido asesino
pero sabía mentir, mejor que aquellos niños.
Fue la primera vez que me llamaron loco.

Fui un niño esforzado
que nunca tuvo éxito en matemáticas
hasta que ya fue tarde y no hacía falta.
Nunca aprendí a decir que fácil terminé
deme otro ejercicio.

Ojalá me hubiesen dejado dibujar conejos y ranchitos.
Pero ellas sabía que un día dividir iba a ser importante,
igual que la bandera, jurar lo inintendible,
decir hello, goodbye, son diez y veintisiete.

Nunca crecí igual que los demás cachorros.
No estaba destinado al fútbol del domingo.
A veces aún los miro, como solía mirarlos
cuando en quinto año jugaban a las cartas
y todos se gritaban al oído.

Yo estaba hecho para escribir mentiras.


martes, 1 de septiembre de 2015

Vengan, digamosles que antes fueron grandes.
Pero ya han muerto sus caciques
y Victorica es el nombre de nuestras escuelas.
Barrio toba, nombre pobre, tierra negra
de ceniza de tristeza de miseria.
La victoria les creció sobre las lanzas.

Ay, cacique, ¿como salvas
a tu pueblo que se cae?
¿Como limpias a tu tierra de la mugre,
de la carne que se rompe?

Dile al brujo que te salve.
Esta tristeza ya te come la piel.


sábado, 29 de agosto de 2015

La tristeza, muchacho, es una rama verde
que solo retratamos cuando empieza a caerse.
La tristeza es el día que nos parece bello
y sin embargo va construyéndose,
por dentro de las horas, en futuras tormentas.

Hoy te ciega los ojos con su brillo de invierno
pero mañana iras a descubrir veranos
con esa risa franca que antes conocimos.

No todos los dolores son eternos,
ya vez como el lapacho florece en cada invierno.

La guerra es una lucha constante y cotidiana
con nuestras cotidianas soledades ,
con nuestra propia forma de encontrarnos verdades.
Pero aún la tormenta se cansa de corrernos.
No falta tanto tiempo para la primavera.

*

Ya vez que la alegría a vuelto.
Después de todo no existen las respuestas de la Filosofía,
sino que el mismo día en sí se desenvuelve
y ora nos muestra el rostro, ora nos da la espalda.
¿Acaso eso no enseñan los gorriones?

Nosotros, la tristeza, el agua, la tormenta
somos más pasajeros de lo que parecemos.
Bosteza al horizonte, deja que el agua moje.
Afuera los gorriones hablan su antigua lengua.

Ya vez que la tristeza se quita cuando escuchas
la vieja melodía del ocaso silvestre.
Solo esa algarabía te quitará la pena.


viernes, 28 de agosto de 2015

A veces uno queda en mitad de la guerra
y dando manotazos sin encontrar las alas
para volar tan lejos como se pueda.

Entonces caminamos por nuestras propias calles
para recuperar la capa de penumbra
que justifica el gesto donde nos encontramos.
Para volver a ver al árbol que no crece,
a la vereda que nunca termina de romperse.

Volvamos a la cueva, con el portón que siempre
nos defiende la Luna.

A veces la batalla nos mezcla entre sus filas
y somos el soldado que elige la carrera.
Tal vez estamos hechos para la paz augusta,
para batallas últimas que si nos necesiten.
Mejor vamos al silencio, donde dormir podremos.


Y los hombres que se adentran en la tierra,
peregrinos de sal, talladores de roca
que buscan en la entraña de la carne
la luz de las estrellas hecha piedra.

Hombres desnudos que corren
bajo el paso conquistador del Sol
diciendo la curva audaz de la gacela
en lenguas de agonía postrera.

Los descendientes de los sobrevivientes
que sortearon la arena, el sol y las cadenas
hoy viajan por la mar buscando madrigueras,
cavándose el camino con túneles marinos.

Que sangren los que oponen las rodillas al viento
de esta generación asesinada empujando
sobre la ruina vana de la piedra
hacia una luz que nos desconocemos.



jueves, 27 de agosto de 2015

Dios y Yo somos dos viejos enemigos
que nunca se quisieron
pero que igual soportan
la carga con que el otro le quita la paciencia.

A veces él me llueve o se enoja en el sol,
a veces yo le gruño y le quito adeptos por un día.
Pero nunca dejamos de vernos en la calle,
en la feria que corre junto a la avenida.

Solemos descubrirnos cuando marchamos juntos,
solitarios y juntos descubrimos el final del invierno
que tanto esfuerzo cuesta a los gorriones.
Y entonces sin decirnos, con la mirada tosca,
dejamos que nos junte la Luna.
Ambos sabemos ya que la belleza tiene sus reglas de silencio.

Yo nunca he comprendido su afán por los misterios,
donde siempre ha querido guardar la fe de los honestos.
Y nunca he perdonado que estuviera tan lejos
para ignorar los gritos de un gato asesinado.

Pero el no comprende mi terca resistencia a su esperanza muerta
sobre los hombros roídos de la calamidad.
No es dios de exponer sus razones.


martes, 25 de agosto de 2015

Resistencia es hermosa al final del invierno.
cuando los lapachos florecen 
como campos de batalla 
donde los soldados huyeron 
dejando la tierra cubierta de vendajes.

Hemos sucedido el inverno y vamos sin caminos
bajo el sol que nos ciega los perros, 
y en la calle perdida encontramos la vieja
que se duerme en el sol mientras llueve la sangre de la tierra.
Tal vez ya encontró la paz bajo la lluvia 
cuando sin dientes vaga y su collar perlado 
que le adorna el cuello 
como si fuese blanco pelaje decaído.

Que ternura infinita a veces manifiesta 
la tarde cuando crece sin que la notemos, 
tan brillante y discreta sobre nuestras cabezas.


viernes, 21 de agosto de 2015

Mis lapices esperan que al arte me descubra.
Es enojoso estar vacío de pensamientos.

Podría comenzar a rayar un papel
y colgarlo del clavo que un anónimo inquilino
clavó en hoy mi pared para nadie sabe que
y después exclamar que belleza esa linea que nunca se termina.

Voy a los rincones de laberinto donde paso mis días
y en el viejo escenario recitar inconductas
palabrería de tonta decencia decadente.

Podría si pudiera decirme cosas bellas
como ágiles manos, ojos de escarabajo, ratón dentro del viento
que mece mi impaciencia contenida y mordiente
pero en realidad no puedo describirlas
y afuera el día no llueve para justificarme
esta tristeza gris que me consiente.


jueves, 20 de agosto de 2015

¿Porqué tu lengua titubeante toca
mis palabras escritas y olvidadas
cuando por suerte nos encontramos
este conjunto de preguntas y tu risa?

¿Porqué tus manos pálidas profanas
irrumpen mi escenario que declama
como un actor borracho de certezas
su lista interminable de preguntas?

No entres, que esa puerta no ha sido hecha para ser abierta.
Pero tu lengua toca mis palabras
quebrando el aire en infinitas inflexiones.

Estos oscuros rastros de indecencia
tales no son por que en tu mano surgen
y como ríos sobre una piedra tímida
bañan la tierra donde me sostengo.

Allí te quedas en tu rincón estático.
Tu mano no me alcanza,
tu lengua no me lee.
Vas dando tumbos hasta mi penumbra.


jueves, 13 de agosto de 2015

No pude describirte nunca.
Nunca llegué al umbral donde vivías
para mirar tu caminar sin velos.
Estabas siempre lejos en la ciudad y el día
y más cerca llegaba más te ibas
a parajes incómodos donde no me admitías.

Apenas vi la Luna desde la ventana
cuando intuía que en tu distante torre iluminaba
aquel balcón abandonado al viento.


martes, 11 de agosto de 2015

Los santos también tienen pensamientos impuros.

Lo se por que lo soy.
Decidme que no es esto una vida beata
y mentiréis al rostro de mi celda y mi biblia.
¿Acaso veis que duermo sobre esteras y migas?
Mi mesa es esta fila de hojas y de risas.
Yo solo digo gracias al sol y a la ternura,
y vuelvo a casa triste cuando un perro fallece
perdido en la vereda insana de la vida.

Decidme, ¿no soy santo?
Humildad no me falta
cuando no callo al resto que fingen ser felices
sobre el asesinato de los grillos.
Mis diamantes son sal sobre la mesa.
Soy monje, mas no cubro mis dedos de oraciones.
Venero a la paciencia del fresno cuando crece
y doy ropa a las indias que en mi puerta desfilan.

Pero a veces maldigo y contesto con una voz solemne
los pedidos de auxilio que dan mis compañeros
para fingir que soy aquel omnipotente.
Es gracioso ser Dios cuando nunca podremos.

Mi vanidad aumenta cuando recito salmos,
frases etéreas viejas pero trozos de viento,
hasta llegar a la vergüenza de perder la decencia
y sonreír chocando hojas de enero.


Entonces se apagaron,
hasta volverse obtusos y borrosos
en distancias que no tienen remedios.

Les surgieron las quejas,
la moral, la decencia,
la miseria tranquila del bicho que se aquieta,
el rincón cotidiano de su parca presencia.

Y no podemos verlos
como veíamos antes
su paso conocido,
tal ves melificado por la cercanía.

Ahora ya conseguimos odiarlos,
apartamos su gesto de descaro
en su palabra tonta
su vanidad se cuece
humeando como plato
de misera presencia.

Pobres, tan miserables
que ni ven el espejo,
que no ven que lo quiebran.


lunes, 3 de agosto de 2015

Alfred Date es el hombre más anciano de Australia.
A sus 109 años de edad pasa los días tejiendo suéteres de lana 
para los pinguinos que nadan en aguas contaminadas con derrames de petroleo. 

Teja, viejo, teja que la garza ya levanta vuelo.
No viaja hacia el París de la ternura
sino a anidar en los techos de la China
donde los niños construyen castillitos
con bloques de petroleo colorido.

Usted no se detenga, los pinguinos 
aún marchan elegantes y ceñidos
a la muerte del frío y la locura,
tan firmes cual soldados todavía.

No se detenga, se mueren los soldados
cuando naufragan, yertos y ateridos 
a la voracidad de los océanos.

Y en los nidos distantes de los hielos,
bajo doseles teñidos de ventisca,
gruñe el Emperador de las escarchas
cuando caen sus soldados de la vida
hacia la marejada de la sangre 
que la tierra destila en sus entrañas.


martes, 28 de julio de 2015

No todas las estrellas bajaron desde el Norte.
Algunas ya brillaban cuando el ñandú corría,
solitario atleta de la pampa sin caminos.

Nosotros somos hijos del indio muerto
al que ninguna estatua recuerda.
Nacemos en poblados adentro de la tierra.
Pueblos de casas chicas y nombres de soldados
o de difuntas damas.
Somos los indios nuevos de esta tierra y cemento
que habitamos la densa nube de las ciudades
con nuestros ojos pardos y nuestras manos anchas.

Mi abuelo, el de los surcos hechos a pala y tierra.
Mi abuela de la falda y religión obtusa.
Y antes que ellos la india que a veces rescatamos
en historias nocturnas como toda leyenda.
A veces un abuelo se nos descubre gringo,
pero todos los nietos ya lo han olvidado en sus uñas morenas.

Tal vez llegamos antes en barcos de madera,
cuando los hombres tercos nadaban sin saberlo
hacia la tierra ancha que aun hoy nos desconcierta.
Conservamos sus nombres, su barba, su destreza
para el habla, el cuchillo, a veces la pereza.
Decimos carbonada, nuestro señor, paciencia.
La guitarra es herencia que ninguno desecha.

Pero detrás de todo nuestro cristo
es un indio al que no conocimos
y al que los niños tiernos que largamos al mundo
recuerdan cuando piden con sus ojos castaños.

Nosotros somos indios nuevos de esta América extensa
que siempre guarda nidos para futuras siembras.
Somos los descendientes del caos universal.
Miramos las estrellas buscándonos el pan.

Y a veces aun llegamos a aquellas viejas costas
donde el oro y la piedra les dieron sus ciudades,
donde vagan sus reyes bajo su majestad.


lunes, 20 de julio de 2015

Ordena el mundo cada día.
Si la dejáramos lavaría las ventanas de la noche
por una eternidad sin consecuencias.
Si la dejáramos nos despertaría con un sol deslucido
a fuerza de brillos y cepillos ardidos.

Su esposo disemina piedrecitas y polvo
como un gigante tosco que ríe sin motivos
construyendo los nidos de águilas huidas.
Pero ella barre el mundo tercamente
y en cada amanecer cuelga banderas húmedas.

Son cotidianos, pulcros, aburridos.
No miran más allá de sus olvidos.
Cultivan la ignorancia de paciencia
en la antigua vaciedad de la decencia.
Se duermen cuando los escribo.


¿Cuando fue entonces que nos quisimos tanto?

Estoy tan infinitamente harto,
que de seguro arrastro otros enojos
a modo de antecedentes en una furia cósmica.

¿Donde estábamos hace treinta, cuarenta años,
hace trecientos años de esta fecha?

Esta desesperanza de existencia
no puede ser tan nueva.
Esta mañana me faltaba
y, sin embargo, parece ser más vieja.


viernes, 10 de julio de 2015

No me digan ahora que la tristeza es bella.
Yo la conozco entera
y no me guarda esquinas.

Es triste, solo eso.
No guarda poesías.

Se viste alguna tarde con pantalones grises
y en la ventana cae el cielo, la llovizna,
alguna hora maldita cansada de los días.
Acomoda los codos para juzgar motivos,
se escapa de si misma como sangre de heridas.

Que pena, antes fue bella,
Solía distraerme, patética decirme
cuanta magnificencia encierra el horizonte.

Que pretensión estúpida. No somos héroes.


lunes, 6 de julio de 2015

"I can still recall our last summer.
I still see it all.
Walks along the Seine.
Laughing in the rain.
Our last summer.
Memories that remain."

Our last summer -ABBA

Es horrible volver a ver los rostros que queríamos
y descubrir que no ha pasado mucho
pero igual les pesó sobre la calma.
¿Cuando fue entonces que nos quisimos tanto?

Es terrible volver a las calles que amábamos
a decirnos no es tarde todavía.
Que brusco sueño es este donde vamos despiertos
pero los árboles ya se han muerto
y están de pie sin conseguir caerse.

Pasajeros somos, verdad que caminamos.
Cuanto nos falta hacia otra primavera
donde la lluvia tenga aires que no recuerden inviernos.


sábado, 4 de julio de 2015

Nos gustaba el invierno.
Los gatos se arrimaban,
quemándose el bigote contra el fuego;
la radio murmuraba sus viejos festivales
y el té dormía en sueños de efímeras volutas.

Julio nos recordaba que eramos felices,
cuando el mundo era un paisaje lejano
donde la guerra nunca terminaba
pero entonces sabíamos que la alegría volvía
después de cada tarde interminable.

Cuantos años felices que tuvimos
en esa casa inmensa que olvidamos
para poder buscarnos nuestros propios recuerdos.

Entonces descubrimos la ciudad y el invierno,
sin el perro que robe el azúcar y el sueño,
sin el gato que busque nuestra estufa y silencio.

Ahora solo decimos nuestros años felices.
Ahora solo vagamos hasta llegar a vernos.


Este es Julio.
Frío y ajeno, nunca nos ha dicho
que fuéramos sus días.

Esto ha sido siempre Julio.
Sus avenidas de llovizna no guardan
recuerdos a la libre algarabía.
Siempre se tiñe con su bufanda oscura
y entra a la ciudad de madrugada
para no ver la cara de la gente
sino de los paseantes que nunca tienen nombre
y van urgentes hacía alguna parte.

Cruel como la helada, más ciego que el presente.
Solo en sí contiene la inmensa soledad del persistente.

Julio de la mañana sin ruidos,
de hormigas refugiadas en sus bunkers
donde blancos ejércitos no las alcancen.

Que tristeza infinita y miserias
guarda la bruma en etéreos rincones.


La Luna ya no puede ganar esa batalla,
cuando Mordor le arroja sus nubes en la cara.

Que vasta ciudad hemos creado,
bajo la cara ajena de la Luna,
aunque en instantes eternos no nos sirva para nada.

Tuvimos la persistencia, la habilidad
de cuidar la piedra hasta que reprodujera
sus gigantescos hijos de cemento.

Nunca tuvimos la sabiduría
de preguntarnos si era necesario
que la ciudad nos conquistara el hambre,
y la penuria y la desolación para volverlas
nuestras cotidianas soledades
en este cúmulo de ventanas donde la Luna sobra.

Por alguna razón inalcanzable, nuestras ciudades cierran
el aire a los costados y debajo
pero encima nunca llegamos a cubrirnos
como una tortuga irrealizada
que escapa los ojos a lo inevitable
de no llegar al cielo y vernos siempre a salvo
en cámaras de piedra bajo la montaña.


martes, 30 de junio de 2015

"Ay, que privilegio aquella edad.
Que maravilla en el quehacer,
en la alegría, en el querer
como queríamos las cosas."

Manifiesto Opus II -Teresa Parodi


Perdón, mi escepticismo está en el aire.
¿Será que de verdad sabes
las cosas que hay que hacer
para mañana no sentir
que hemos perdido la manera?

Te miro sonreír, y sé que hoy estas mejor que ayer.
Pero, ¿de verdad sabes
que esta manera de vivir
tal vez te cueste la inocencia?

Que manera de vagar
es esta que mostras,
tan joven y tan libre de querer.

En ese hijo que tenes, como una rama nueva
tallada desde la más tonta rebelión,
se mece silenciosamente
alguna nueva forma de existir.


Yo la recuerdo, joven aún, ya vieja.
No era esta vieja fugaz y lenta,
que no me dice nada que sepa.
Está cansada y se refugia
en la penumbra de aquella queja
que se le escapa como una quena,
tan solitaria, tan desgraciada en la quebrada.

Tenía las manos hábiles para las flores.
Siempre crecían los camalotes
si los dejaba en agua y sol.
No era esta vieja, débil y triste
que no me dice lo que quisiera
saber que cuenta feliz de verse
en la distancia de los recuerdos.

Pobre mi abuela, se nos apaga
desde hace tanto que ya no importa.

A veces mira, en la distancia
del que no existe en nuestro tiempo,
y nadie sabe que es lo que observa.
Está tan vieja que no podemos
llegar a verla más que a lo lejos.

Se le ha perdido su compañero,
está más sola que un caracol.
Viaja despacio hacía la tumba
donde él duerme con su recuerdo.
Mi vieja abuela mira la tierra,
quizá no sabe porque suceden
esas gallinas que la molestan.


viernes, 26 de junio de 2015

No duerme en el colchón;
es gata austera.
No pisa la penumbra;
es gata sabia.
No dice lo que calla,
es gata cauta.
No gasta sus gañidos;
es gata seria.


"Para vivir hay que tener un gran amor, para vivir."

Para vivir un gran amor - Cacho Castaña

Nos odia. Nos lo dice
vulgar y emancipado de las formas
ladra frenético de ira balbuceada 
contra la reja obtusa que no deja 
morder a tanto objeto de esta furia.

Nos odia silencioso en la penumbra.
Desnudo y tendencioso es su silencio 
para decir que afuera son idiotas.
Tanto nos odia
que no puede vivir
si no vivimos.

Que rara persistencia, que terca soledad
que lo carcome.


sábado, 20 de junio de 2015

"Hemos decidido, 
por nuestra propia voluntad, 
combatir 
y no salvar la vida."

Constantino XI a Mehmed II. 
Caída de Constantinopla. 
Mayo de 1453.

Valiente capitán de la muralla,
el turco viene ya con su descarga.
No duran estos muros una noche,
afuera la canción está cantada.

Valiente emperador de las espadas,
todas las naves huyen al Poniente.
No dura vuestro imperio de esta noche.
Cantemos, que la gloria se carcome.

Escalan por el sur, vienen del este.
Arde la torre ya, ya se consume.
Solo tus manos pueden detenerlos.
Apenas ya eres rey, sin reino.

Vamos a la batalla, no te aterra 
su rugido bestial en la llanura.
Su Santidad que ruegue por nosotros,
por nuestro Dios que no tiene memoria.

A la divina sabiduría infinita levantamos
como estandarte de piedra preciosa
el arcón más grande de la tierra.
Decidle que abra su misericordia.

No huyan, no desplieguen la miseria.
Si arder es necesario ardamos.
Nunca mejor morir que en estas horas.

¡Vuelvan! ¡Necesito que sigan mi locura!
¡Me dieron su ciudad hace mil años!
¡Aún soy Constantino en la derrota!


El amor es una extraña coincidencia.
Estoy seguro  que es la forma natural de la quiniela.
Pero puede ser bello
y hasta honesto
cuando vas por la cale y se sonríen.
A veces me aburre su ciclo almibarado
y quiero que se odien,
porque son tan estúpidos
que no ven el camino.
Pero otras me agradan si de la mano van
hacia donde no llegan todavía
y entonces es de noche pero no demasiado.
Queda tiempo aún a la ternura.


El gusano es metáfora cuando es promesa
de ser crisálida durmiente,
así como el gorrión es primavera urgente
Se entiende a la tortuga en la paciencia
y en ser escudo despegado de la tierra.
La única virtud de la ballena es el océano
y el gato ha sido hecho de negrura y misterio.
Nadie le encuentra al toro más que el enojo.
Nadie ha visto mas que lealtad al perro.

Son símbolos, tan nuestros que nadie les pregunta
si sirven para algo cuando nadie los mira.

Si la ballena salta remeda bailarinas,
si el cangrejo camina solo es terco y esquivo.

Son nuestras definiciones, precisos, no responden
más que a nuestras palabras y nuestras voces.
Después de todo, nadie ha visto el mundo cuando estamos dormidos.


martes, 16 de junio de 2015

Yo tengo cuatro hermanos
a los que a veces miro
como si no supiera de donde vienen
y que razones tienen para decirme.

Existen desde antes que yo fuera
y alguno no sera cuando aún sea.
Pero en estos días conformamos
la vasta telaraña de la madre
que sobre América extendió sus hilos.

Morenos como un indio que ya se difumina,
igual de imprecisos se me hacen
cundo miro la tierra en que crecimos.

Que estirpe de horas lentas,
somos como lagunas campesinas
que crecen solo en tiempo de tormenta
y solas se evaporan desde lejos.

No es malo esta distancia de sabernos.
Quizá no fuimos hechos para vernos.
Somos indianos, estamos destinados
al viento derramado en la llanura.


En febrero de 2015, el así llamado Estado Islámico atacó el Museo de Mosul en Irak, 
destruyendo milenios de memoria para "evitar la idolatría." 
Según afirmaron voceros de la organización, se trataba de destruir los objetos que "vayan contra el Islam."


Cuando tallaron el rostro de la Luna
hombres extraños de cabellos vastos
en una antigüedad que no alcanzamos
hubo quien miró los ojos de los dioses 
y dijo "durararán solo estas vidas."

Pero hace cinco mil años que miraban 
la arena inconmensurable de los días
con la misma ausencia de locura
que solo el rostro en piedra evita.

¿Que clase de dios adoran, estúpidos?
La piedra no responde las plegarias,
existe solamente por ser vieja
y todo lo demás es vana especie
que se repite a costa de ser falsa.

Esa divinidad de la venganza
rasga la envidia de su locura infame
con una destrucción que pesara en los ojos
de los que vean historias agrietadas.

¿Cuanta arenisca se vuelve necesaria
para tapar a salvo la belleza
sin que sus manos ávidas y necias
puedan rozar la piel de mariposa?

Su dios de la locura y la inpresencia 
no tiene derroteros que se inventa 
una huella rota y malherida 
por donde discurrir mientras se pueda.
Miren las ambiciones de estos hombres.
Tallaron antiquísimas maneras y nada hoy los recuerda,
porque de eternidades solo hay piedra
y todo lo demás se desvanece.
Un día hasta la sangre se detiene.

Solo la piedra escribe nuestra historia.
Si le rompen la cara, dirá que eramos torpes.

No escuchan. Es seguro que ya ignoran
el hálito de niebla que despiden las tallas.
Es seguro que ya no cura nada esta locura.
Tendremos que mirar como se mueren 
mientras no saben que ellos mismos se liquidan.


lunes, 15 de junio de 2015

Existen personas que rescatan osos
de jaulas y de arneses
para encerrarlos donde el mundo no pueda atacarlos.

Porque el oso tiene destino de cuento,
de rey, de verano, de pieles,
pero nunca tiene destino de oso.


Un gato en la calle,
que bello detalle.
Miren como corre, se le bambolea
en el talle la antigua premura
del bicho que busca pero aún no llega.

Un gato en la calle, cruzando portales.
Llévame contigo, hacia alguna parte.
Existen misterios aún no develados
que buscas tu solo, héroe y egoísta
en tanta belleza nocturna y pereza
del aire mojado esta noche fresca.

Un gato en la calle. Cuanta algarabía
se mezcla en tu tonto bigote de viaje.
¿A donde no llegas?
¿En donde concluye tu búsqueda anónima?


martes, 2 de junio de 2015

¿A donde quedan registrados los ruidos
que nadie escucha o que nadie comprende?
¿Existe una severa vigilancia
que lo registre todo y que no olvide nada
para que los ruidos diminutos sean escuchados?

Sería una penuria inconmensurable que el olvido consuma
la vanguardia conceptual de los grillos,
el rasguido azul de los papeles quemados,
el amenazante crepitar de la madera.

¿Que dios resguarda los murmullos del mundo?
¿Cual partitura escribe palabras primigenias?


lunes, 1 de junio de 2015

"Si es tan humilde y tan sencillo en sus compases,
porque anotarle un mal ejemplo en cada frase."

Una emoción -Raúl Kaplún

Que esta noche la ternura
nos invada cada tanto la cordura.
No estamos ya dispuestos al disgusto,
caminemos por la calle en la penumbra.
No existe un mejor remedio a la amargura
de estar amando y no tener alcance.

¿De que manera descubrimos nuestros rostros?,
¿en que hora nos cruzamos los caminos?
Esta manera absurda de querer
es incompleta incluso en las canciones.

Podríamos volver a la ignorancia
y caminar descalzos sin motivos.
Estar ajenos y despacio volver a la distancia,
como una vaga ilusión de la tranquilidad.


domingo, 31 de mayo de 2015

Existe una tristeza que no nos pertenece
y nos invade a veces
como un hálito fresco
que viene a devolvernos la ternura.

Entonces la ironía es una rama
que pende bajo el aire otoñecido
cual crítica de savia a la caduca
vivencia de los fresnos.

Es desprecio esta tarde que nos cubre
luminosa y quebrada por los techos.
Caminamos felices sin saberlo,
vamos juntos como gorriones tercos.

Existe una antiquísima forma de la ternura.


Petunia se descubre desde la ausencia y la rutina.
Sus grandes ojos claros se entienden cuando dice
que nos desprecia a todos y que quiere dormir.
y gruñe porque el agua le mancha la paciencia.
El tiempo no atraviesa su cabellera pálida.
Petunia tiene el agua en la sangre y el paso.
Tiene la bestia oculta en la sombra que baila.

Julián se piensa en términos de cadena y tristezas,
de muros y aventuras en el barro y el miedo.
Se entiende cuando ladra inesperado
a la Luna en una noche oscura.
Solo se entiende cuando su uña roma
se descubre en el barro y nos revela
la bestia torpe y tonta que cree en el refugio
y en la voz de la mujer menuda.

Amarillo es el gato que llora en la penumbra,
que quiebra el aire opaco con el gañido ronco
de su voz desgarrada en un llanto feroz.
Caminando dormido, lleva el sol dentro suyo
prometiendo que un día brillará repentino
hasta dejarnos ciegos de dolor compartido.

Es mínima la gata que vuelve a descubrirme
cuando regreso a verla, extranjero fugaz.
Esta hecha del aire que pesa en la inocencia
y duerme solitaria en una vieja alfombra.
A donde vaga nadie le alcanza la penumbra,
si llora nadie sabe de su tristeza oculta.

Los demás ya se han ido y van delante nuestro.
Tuvieron días de gloria que apenas se recuerdan
cuando en un viaje largo ya no nos quedan temas
y entonces nos traiciona una leve memoria
de ufanas lagartijas escondidas dentro de los armarios.


Vamos, la guerra ya nos llama.
Machete nuevo, tutsi muerto.
Vamos, la patria necesita esa sangre.
¿Acaso alguna guerra se ha hecho sin la sangre?
Machete nuevo, sangre.

¿Acaso no hemos fracasado?
¿Donde duerme Primo Levi?
Decidle cuanta razón tenía
y cuanto no ha servido para nada.
Aún se ven sus números grabados
en los brazos que mueren en Ruanda.

Porque aún no han muerto, todavía
no mueren suficientes traidores necesarios.
¿Veis cuantos Judas existen estos días?
La guerra necesita tanta sangre,
no clama ni se queja pero pide.
Vayamos a vertersela en la boca.

¿Donde vamos, si la guerra nos alcanzo ya?
Son mentiras todas nuestras palabras.

Niños de la guerra, padres muertos.
Es empresa de la gran codicia indiferente.
No miren adelante, no lo tienen.
Son esa presencia que se cae.


Están condenados a la inmensa soledad del sobreviviente.
Nosotros, los recientes, no sabemos que vienen
de un tiempo inmemorial donde la vida era
esa carnada y dientes aserrados 

Maravillosa prolongación de la existencia, 
nadan hacia extinciones inconclusas
con la fiereza ciega del valiente.

Van, los blancos tiburones con su estela de reyes,
aterrando las masas ofuscadas de sardinas,
perpetuos y salvajes todavía.

El último testigo de las olas nada en la soledad
y todos huyen frente a sus ojos muertos.
Ojos de tiburón son días pasados,
son monstruos que ya no podemos.

La blanca soledad de los abismos 
está difuminada en los temores.
Ya huelen nuestra sangre, ya nos siguen.
Huyamos, esta guerra está perdida.


jueves, 28 de mayo de 2015

Historia de Reyes y su maravilla y su tristeza.

Gaspar

Serakín me llamaron antiguos
en la tierra de la leche y la miel.
Y los hombres que hicieron del mundo
un asombro, una luz, Amerín.
Tengo nombres antiguos,
palabras que recorren la huella del tiempo.
Mucho antes del Rey y la estrella,
quemé incienso bajo el viento del Este
en un mundo que ya nadie recuerda.
Y en la antigua ciudad que he perdido,
diluida en el sol y la arena
me nombraban Kansbar los hombres
que habitaban las cuarenta columnas,
siempre atentos, tan sabios de estrellas.

Melchor

En la luz de los fuegos miraba
los secretos que guardan las llamas
y una voz en el viento me dijo:
mira al mar y a la aldea lejana.
Una estrella se cae, se cae.
Hay un ala que vuela en las ramas.
Mira al mar que ya viene la noche,
esa luz no es mentira y es santa.
Soy el rey de la luz y la busco,
voy camino a la choza y la estrella.
Soy el Rey de la Luz y mi senda
ya me guía hacia luminarias.
En la orilla del mar, que me llama
Magalath del oro y la rama,
una hoguera me busca y me espera.
Voy camino a encenderme,
soy antorcha y busco mi flama.

Baltasar

Del horizonte antiguo de la selva vengo,
voy a la ciudad que brilla y es colores.
Cuando alcancen mi pasos la cuna 
tendré un rey y un nombre guardado.
Cuando toquen mis manos sus manos 
habrá días de incienso y resguardo.
Soy el mago que viene del agua 
y en nombre de la selva vengo.
Soy el rey del árbol y el cielo 
es mi guía, promesa y consuelo.
Baltasar, no olvides pedirle,
me dijeron en mi tierra dura,
que la sangre no resulte simple.
Hemos visto la Luna y la Estrella,
dile al rey que no olvide promesas.
Soy el Rey del árbol y busco
una extraña esperanza que crezca.
Voy del sur hacia el norte, aunque tarde 
mi camino no ha de ser eterno.
*

La búsqueda de los Magos

No sabemos su nombre, su seña
solo está en el cielo que vimos.
Una estrella que va al Poniente
nos conduce por raros caminos.
Y la Luna nos dice “apresuren”.
¿Es el rey o es el viento el que viene?
Ese árbol se alza en la senda,
ese pez ilumina el augurio.

No sabemos su nombre, sus manos
son manos de niño y guijarro.
No hemos visto su rostro en las aguas,
no nos dicen las llamas su aura.
¿Cuál pequeño debemos buscar?
Solo un niño que brille y que ría,
solo un niño que tenga la risa
como un largo camino de vida.

Cantor, dime que viste cuando la estrella
te iluminó la clara persistencia de tu verso.
Señálenme la estatua que indique
a donde vive el prodigio.
Que tu barca me lleve, hay una huella
que sube por el río hasta su cuna.

Quememos la limpieza de las hojas,
digamos las antiguas oraciones.
Existen símbolos que solo conocemos
nosotros los recitadores.
Existe un largo viaje a la penumbra
donde la humanidad ya nos asombra.
*

Tristeza de los Magos tras la matanza de los Inocentes.

Vamos a la cabaña de la Luna nueva.
Afuera llueve tanto que nos ciega
pero en la oscuridad de la inocencia 
segaron sus augurios de criaturas.
¿A dónde queda Dios en tanta sangre?
Nos dijo que la Luna sería pura.
Si este es el precio de su divina sangre,
no habremos de encontrar la paz ahora.

Anoche bajó el río con la purpura
túnica que corresponde a la vergüenza
que desatamos sin saber en dónde.

Rey te llamas, Rey del filo y el estremecimiento
te nombramos nosotros los leales
a esa causa que aún no descubrimos.
*

Los Reyes, el niño y la Luna.

Hermanos, esta noche nos durará la vida.
La Luna no se va de nuestro asombro.
¿Hicimos estos viajes por un niño?
Milagro inesperado son siempre los cachorros.

Un día en otro tiempo dirán
“todo lo joven es hermoso”.
Pero no han visto esto ni lo verán otros.

Por qué razón la verdad nos encarna
esta existencia mínima que duerme.
No lo sabemos y aún no lo alcanzamos.
Somos los caminantes que lo observan
después de un largo viaje entre el polvo.
Somos la larga hilera de los hombres
que miran sobre el hombro y te descubren.

¿Esto era Dios? No lo esperaba.
Este niño se duerme y no me alcanza.
Dejadme que lo mire más de cerca,
dejadme que lo toque antes que huya al alba
como un engaño de la Luna nueva.

Si esto era Dios, no esperaba
que ignore mi pregunta con su sueño.
Esto parece un niño y no un eterno.
Mirad hermanos, aún es niño.
Hay que dejar que duerma a nuestro amparo.
*

Despedida y preguntas.

Corred, que se resguarde.
El Rey de la miseria está en la marcha,
él no sabe de niños y caminos.
Corred, no es falsedad ese color del río.

Adiós, lleva mi tierra.
Adiós, lleva mi aire.
Adiós, lleva mi sangre.

¿A dónde vamos la estrella aún nos guía?
Esta solo el desierto enfrente nuestro
y estas preguntas no consiguen respuestas.
Dónde iremos, hermanos, sin la Luna,
sin el hijo, sin Dios, sin tierra o patria.
¿Cuánto esperaremos en las ciudades
antes de ver lo que resulte?

Vamos hacia el desierto y el camino.
Que nada nos detenga por ahora,
porque todos los prodigios se disipan.
Solo nos quedan el desierto y el camino.
*

Tristeza de los Magos tras la Cruz.

¿Dónde vamos, hermanos, esta noche?
¿Donde encontraremos sepultura?
Ya la tarde nos pesa como nunca, 
se ha ido para siempre su ternura.
¿Dónde vamos hermanos?, si no quedan 
montañas silenciosas que nos cubran.

Lamentación de Melchor

Yo lo vi, yo que tuve sus manos
en estos dedos cubiertos por el oro
y entonces eran livianos mis anillos
pero hoy me pesan como si fuesen grillos.
Yo lo vi en la lluvia, el madero
era el barco que se nos naufragaba.
¿Dónde está la inocencia del mundo?
Esa lluvia me apago las llamas.
Esa lluvia me quema las ropas,
¿era agua o era furia ese agua?

Lamentación de Gaspar

No miréis cuando lloro.
No es honroso cuando un Rey lamenta,
pero era mi niño y su alma
yo la vi, la vimos en tronos y cunas.
¿Esperabais verla en el aspa?

Lamentación de Baltasar

Silencio, silencio las horas
no pasan ni el tiempo sucede.
Es crepúsculo y es tarde cualquiera.
¿Qué importa el sol cuando cae,
si tu niño, tu niño, mi niño
es el sol que se muere?
Que horas tan caras son estas,
de madera y de hierro están hechas.
¿Ya terminan nuestras pesadillas?
*

Partir y después.

¿Dónde fueron? Nadie sabe decirlo.
¿Dónde estaban? Nadie pudo saberlo.
Eran viejos y tristes, casi sabios,
el camino lo hicieron sus huellas
pero solo el camino conoce
cual fue el día y el sol y las horas.
Donde fueron los Reyes no dice,
cuantas veces alzaron la vista.

¿Dónde estaban cuando Pablo estuvo?
¿Vieron la Eternidad cuando se ardía?
¿Huyeron frente a Juan alucinado?
Quizá estaban perdidos y solos,
nadie sabe su senda o su sino.
*

Tumbas de los Reyes

En Saveh resguardan las dajma
y el silencio es total cuando llueve,
más aún si la lluvia ahoga al sol cuando muere.
En Saveh las torres son tumbas
y escaleras no llevan a nada
pues tiempo ha que los Reyes partieron.

Que el viajero no duerma a su sombra,
que no crezca la hoja y la flor.
La tristeza del mundo se duerme
donde Reyes durmieron al sol.
No busquéis sus reliquias ni joyas,
ni sus ojos y sabiduría.

*
Estamos en la senda de la vida,
somos los hombres de la maravilla.
Somos los viejos caminantes de la orilla.
Vamos hacia la Estrella todavía.
*