martes, 30 de septiembre de 2014

Hay un hombre, al otro lado del mundo,
que ha hecho de su cuerpo su obra maestra.
Hay un hombre que tiene grandes brazos, grandes piernas,
le queda un poco chica la cabeza.
Se exhibe, como si fuese bello todavía.
Y no. Ya no lo tiene,
aquello que sin duda tenía antes de convertirse
en este cumulo de músculos
que brilla y se retuerce.
Si hasta parece que fue hecho de plástico.
Hay algo que no cabe, que no queda,
hay algo que le arruina la belleza.
El pobre se parece a un montón de plástico,
de plástico que crece y se retuerce.


domingo, 14 de septiembre de 2014

La palmera se da en la vereda,
dejando caer las hojas que mueren
después de haber visto el cielo.
Las deja que vayan, desmenuzándose
mientras la gente, que pasa y se queja,
le arranca pedazos, minúsculos trozos
a la rama muerta que ya ha de caer.

La palmera pobre, que nunca quisiera
conquistar la tierra, invade el cielo.
Y deja que caigan muertos escalones
mientras fragua adentro los próximos brotes.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Yo se que han de venir horas oscuras,
donde no esté tu voz ni mi consuelo.
Yo se que perderé tu rostro entre la bruma
y quedaré tan solo en la ciudad y el miedo.



El invierno nos deja,
malhumorado y viejo,
como invitado sin vino y cortesías.

El invierno nos deja
a la sorpresa tonta del verano,
a la lluvia rosada del lapacho.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Y me dirás: no hay nada nuevo bajo el sol.
Aquello ya lo escuche.
Todo es igual, todo es ayer.
Vamos corriendo bajo el sol,
y la lluvia nos alcanzará a los dos.
Y es verdad, por que mi amor crece en las sombras.
Corre por los pasillos, cubierto de penumbra.
No hay nada nuevo bajo el sol.
Tu me miras y yo a ti,
estamos cerca del amor
y aun así, todo es igual que ayer.

No me mires, es mejor,
vamos corriendo bajo el sol
hacia donde se olvido llover.
Vamos mojándonos los dos
con la esperanza de saber
que nos tendremos al final.
Y solo queda este calor
que ya nos seca el corazón.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Mi anillo ha vuelto a mí y se duerme en mi dedo.
Nunca sabré que sueña o donde estuvo,
porque mi anillo vaga cuando me descuido
por estrechos senderos de las cosas
que tenemos y que se nos olvidan.

Pero vuelve, siempre vuelve
después de que lo olvido,
y tiene opaco el brillo.
Ahora está ahí, esperando.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche de alma para siempre oscura.

Federico García Lorca

¿Por que me llega la alegría cuando veo
que caminas, como si el viento te moviese los pies?
¿Por que razón inescrutable descubro que me gusta
cuando dices que todo nos ira bien?
Oh, si yo pudiese recordar los besos de tu boca
que nunca me has dado y que nunca tendré.
Llega hasta mi la noticia, alborozado el viento,
de tu perfume que me guía sobre las avenidas.

¿Por que fingir que nunca hemos pasado juntos
horas alegres y días decadentes?
Que esta oscuridad que nos rodea
conoce ya tu espalda y mi esperanza
de verte regresar apagando las luces
y dejarnos a oscuras para mejor querernos.

Dejemosnos querer, hay peores delitos.
Dejemosnos caer, que así podremos.


Lo han cortado como cosa de nada.
Han matado al anciano, al que dejaba
vivir en paz y sol las lagartijas
y dar a cada quien quisiese verlo
el milagro de su bastón de hierro.

Lo saben, estoy tan rabiosamente seguro
de que saben que era innecesario
cortar lo que han cortado.
Y dejar el tronco ahí, como una burla obscena.

¿Es que no ven, imbéciles, que el agua
extrañará caer livianamente por sus hojas?
¿Acaso no saben que le han arrancado
a la tierra una extensión de vida?

¿Quien podrá disculparse ante los miles
de gorriones que han perdido sus nidos?
¿Quien tendrá la vergüenza de decirles
que era necesario arrancarles el árbol
y venderles las torres?


Tuvo un hermano un día, que cantaba,
un anillo azul con ambición de rompecabezas
que cuando se movía tintineaba.
Pero se ha perdido y nadie lo recuerda.

Vagó entre la hierba, peregrino
hasta que comenzaba a aburrirlo el óxido y el polvo.
Y luego volvió a mi, como se vuelve
al nido después de haberse herido.

Ha sido en hogares extraños, el mendigo.
Y en la ciudad ha sido el pasajero
de mi mano que crece contra el viento.

Se desgastan sus círculos
y a fuerza de brillo
a ido perdiéndose a sí mismo.

Mi anillo no sabe de verdades, ni conoce misterios.
Ha sido hecho para ser olvidado,
para pasar de moda antes de tiempo.
No tendrá la gloria ni la guerra,
nunca será heredado ni grabarán recuerdos
en su interior apenas imperfecto.

Mi anillo me ha sido destinado
y andará conmigo, perdiéndose
hasta perderse entero.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Me gusta su silencio y me gusta su voz.
Me gusta cuando dice que soy lo que buscaba,
y me gusta porque quiere el sol para los dos.

Me gusta cuando calla y mira la ventana
con el gesto lejano del árbol pensativo.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Y ese hombre largo un llanto... 
Pero un llanto que todavía no se me olvida.
Y de eso hace cincuenta años.

Francisco Benedicto Rodriguez
Sobreviviente a la dictadura de R. L. Trujillo en República Dominicana

Si lo viera, se tuerce en mi recuerdo.
Usted no sabe lo que yo imagino.
Le digo que los vi, eramos jóvenes,
había mujeres, hijos, tierra.
Pero había hombres malvados.
Por que no eran equivocaciones,
aquello fue maldad. No se me olvida
que nos querían matar por que teníamos
quizá algo que ellos no alcanzaron.
Cada día me acuerdo que pudimos
haber salvado al mar de atragantarse
con los huesos impunes de mis muertos.
Por que tal vez pudieron hacer que el aire
no oliese tanto a grasa y a matanza.
Pero no lo ha querido así y así no ha sido.
Me cubre una vergüenza cuando cuento
que mientras hablo ellos se han muerto.
Si usted supiera cuanto se callaron
las paredes quebradas de la cárcel
y el monte con raíces hechas sobre los huesos.


No escribo al vino opaco que no entiendo,
ni a la mujer desnuda que me aburre.
No escribo al cuerpo fuerte del doncel
ni a la razón de muertes y torturas.
No aspiro liberar al pueblo ni a las mentes
ni quiero descubrir cual dios existe.

Apenas digo agua y lluvia triste, tortuga
antiguo escudo gris de la pobreza triste de la tierra.
Estoy al borde de la línea, entre la mentira y el ensueño.
No tengo patria, fuerte ni bandera.
De luz y de ceniza se manchan mis colores.

No aspiro a la corona de laureles
ni a la crátera de divino aceite.
Estoy queriendo ser honesto en mi mentira
y eso me ocupa en demasía las horas.


No puedo.
Estoy atenazado a mi rencor,
cubierto en soledad,
recuerdo y decepción.

Lo sé, tu me quisiste bien
y yo tal vez también.
Pero hoy ya no puedo.

Lo se. Fuimos felices
y tengo cicatrices.
¿Como voy a olvidar?

¿No ves que estoy riendo sin parar?
¿Que ya no importan más
los días que tuvimos?
El pasado pasó, quedándose atrás,
se me cayo el recuerdo en el camino.

Y voy, como anteayer, silbandole al sol
mientras vivo mi vida.
No llores, es mejor. No vale la canción
tus lágrimas ni quejas.
Olvídate el amor que en mí desperdiciaste.
Yo tengo otra razón y poco corazón
para tu oferta.