sábado, 30 de agosto de 2014

No quiero que me ames ni me llames.

Quiero apenas que existas, seas posible.
Quiero que cada tanto pases cerca mio
y me recuerdes que existen las orugas.
Se puede germinar en algo nuevo.

No quiero pertenecer a ti ni que me tengas.
Estoy al otro lado de la ambición cualquiera.
Espero que aparezcas después de la penumbra,
como una luna velada por las nubes
que de pronto se anima a deslumbrarnos.

Diría que apenas quiero que aparezcas,
para saber que puede mezclarse entre nosotros
la altiva soledad de la belleza.


Voy a dormir.
Mañana el día me exige que lo siga
dondequiera que vaya.
Y se ríe, el hijoputa,
porque sabe que puedo sonreirle
aunque me tuerza el gesto su desprecio.

¿Lo ven? Será malvado..
Se cree este criminal que me olvido,
que mañana será como ya ha sido.

Pero es inútil decirle que enderece
el paso y de la cara como un hombre.
Es malvado este día que me exige
que lo encuentre temprano en las vías.


jueves, 28 de agosto de 2014

Mi anillo me servía para andar conmigo,
para alumbrar la soledad de mis dedos
con el brillos opaco de sus círculos.
Me servía para girar el dedo y decir nada,
para tenerlo y no saber que estaba.
Para notarlo cuando solo escribía
y para ver el patio a través de sus giros.

Por que entre la humareda de los significados,
el no servía para absolutamente nada.


miércoles, 27 de agosto de 2014

A veces, cuando sueño, tengo grandes ideas.
Anoche tuve un sueño del que sobrevive
una molesta sensación de haber tenido,
de haber dicho grandísimas palabras.

Pero ya no me acuerdo y duele mi cabeza
porque tengo un vacío y una espina
de la duda clavada en certidumbre
de haber tenido la corona entera.

Recuerdo que cuando despertaba tenía palabras
y tenía sentido. Había una armonía
entre la luz del sol y la penumbra
que se me ha perdido antes de recordarla.


viernes, 22 de agosto de 2014

Y es que en este mundo tan comercial
hasta los atrapa-sueños traen precio y etiqueta.
Se venden en las ferias los hilos de colores, las ramas
recortadas con la corteza liza y el brillo opacado
por un paquete eficaz y vendible.

Se venden instrucciones para atrapar los sueños
en una red de plástico y plumas desteñidas
que cuestan una pobre gallina cada una.

Se venden cazadores de sueños infantiles,
de sueños donde el aire huele a lluvia
y a arboles felices.
¿Acaso es que no ven que son mentiras?


jueves, 21 de agosto de 2014

Tu cabello es vagamente rojo,
como si ardiese lentamente en sus raíces.
Pero tu mirada impasible y lejana
no parece enterarse del incendio
del que hasta tu leve barba se contagia.

¿Qué sol desmoronó la arena en tus mejillas
y te dejó islotes sobre el rastro fino de tu nariz?

Estás perdido en una lejanía donde el asombro y la palabra
no tienen existencia y el silencio te aísla de nosotros.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Mi avaricia se encerró en sí misma
y de tan cercana no consigo alcanzarla.
Esa lechuza se tragó mis monedas
y si quiero sacarlas tendría que quebrarle las alas.
Así que sería como arrancarle al caracol los cuernos.

Entonces mi lechuza se traicionó a sí misma,
en vez de alcancía es inútil promesa.


Le pondré mi camisa,
la blanca hecha retazos
que conseguí una vez en cualquier tienda.
Y el pantalón de hilo que ya no llega a mi tobillo.

Hay cuerda en una caja arriba del ropero,
para ceñirle el pecho y la cintura.
Y un gorro de lana, tal vez el que no uso,
para que no parezca,
además de espantapájaros, miseria.


¿Estarás tu durmiendo,
en alguna habitación a donde yo no llego?
Estará, tal vez, tu rostro suave
sobre la tela burda
con ese gesto triste que tu boca
adopta cuando duermes.
Lo se, te he espiado
y se que cuando duermes eres la viva imagen de Hipnos.
Pues sin lugar a dudas, se aúnan
en ti, divinidad y sueño.

Pero hablo ya demasiado.
Tal vez aun te desveles.
Y si así fuese, que el frío no te alcance,
ni que la melancolía de la noche,
(a quien conozco bien), te curve el puño.

O quizá tu me esperes
en donde yo no sepa llegar.


martes, 19 de agosto de 2014

Se mueren las personas
y nadie se da cuenta.
Los pocos que los amaron
se enteran y se olvidan.

Nos sucede lo más trascendental
que puede sucedernos
y los demás lo ignoran.

Nos abandona el cuerpo
al frío extremo del albedrío libre
y somos infinitamente solos,
azules contra el mar
y verdes entre las algas.


¿Por qué debo dormir cuando no quiero?

Ese pequeño dictador monosilábico
de agudas manecillas aburridas
me condena a dormir cuando no quiero
nada más que la noche y el silencio.

Tiránico enanito, miserable
pedazo de plástico con pretensión de dios.
Si no fuese que tienes la razón
me dejarías vivir ajeno al tiempo.


Tienen las islas lejanas un encanto que supera a las magnas capitales.
En una isla lejana se murió el Emperador.
En un trozo sobre el mar murieron los hijos de Augusto.
Es el Japón una isla con mas leyenda que tierra
y sobre terribles hombros del Pacífico duermen las antiguas tortugas.
Son las islas las razones donde mueren los soldados
y en la isla de ese lago parió sus hijos el Sol.
Tienen islas los imperios que sobre mar se construyen.
Pero, ¿acaso no fueron islas las ciudades de Ur y de Eridu?
Son islotes los ojos tristes de los koalas.
Y Lesbos, tierra santa a la lengua y el arte y a la mujer aquella;
y Patmos, donde el hombre vio la furia de Dios.

Hay islas que tienen los huesos de la historia entre sus piedras.
Ya sea por la maldad o la memoria, por cuantos han llorado
o cuantos han amado la soledad absurda de sus islas.
Hay prisiones, cavernas, cimientos, puentes o bastiones.
Hay una humanidad que vaga de isla en isla, sobre la carcajada del océano.


He de dormir pero no puedo.
El sueño me ha cansado ya los huesos y me dejó sin sol esta mañana.
Es tarde, afuera la ciudad parece bombardeada.
En el aire hay hálitos de humo y luces que se elevan,
clavándose en la oscuridad.
De noche en la ciudad no existen almas.
Seres se arrastran en las calles, furtivos y veloces,
perdiéndose en la luz polvorienta de las avenidas
mientras un lejanísimo eco de ladridos
tapiza el silencio de los arboles.
El viento pasa, lento y frío
el corazón me late con la niebla que oculta las estrellas.
Esta noche está tan profundamente dormida
que ya parece muerta.


jueves, 14 de agosto de 2014

¡Enhorabuena, hombre que aguantas!
Muchos no tiran lo que tú sí,
muchos caerían antes que vos.
Eso que llevas sobre los hombros,
esa es mi sangre y bendición.

Aguantas mucho, hombre que matas.
Aguantas tanto que muero yo.

Bendita sea tu madre santa.
Bendito sea tu padre augusto.
Que los alcance mi bendición.

Mira la arena, brilla mi sangre.
Se rompe el polvo en las burbujas de mis ollares.
Dios te regale todos los años que aquí me quitas.
Dios te perdone cuando te incas
y dices voces a tu Señor.

Mira las majas, como se ríen.
Que nunca la pena alcance su rostro altivo,
que nunca quiebren contra su espalda
las espadillas que me coronan.
Que nunca sepan lo que es Dolor.

El sol te alumbre el entendimiento,
para que veas, hombre que matas.
Para que sepas que no era así.

No me ha parido mi madre santa,
para que así me muriera yo.
Ya me negaron los pastizales.
Ya me negaste tú la vejez.

Dios te perdone, para eso existe.
Que Dios te encuentre lo que yo no.



miércoles, 13 de agosto de 2014

Y mira, aquí están mis fantasías.
Hay una casa en un rincón,
un gato, un árbol, un balcón.
Hay un millón de pájaros al sol.
Está la luna y su canción,
esta la lluvia junto a vos.

Mi casa es una fantasía.
Mi vida toda es un misterio
que a cada paso va aclarándose.
Una laguna y el amor de los juncos en la orilla.
Mira que buena es esta vida,
cuando uno puede estar así.

Por esto y todo lo demás,
mi casa es una fantasía.
Es una caja bajo el sol,
es la cueva de un ratón,
un búnker donde escondo mi alegría.
Hay una lechuza en un rincón,
un espejo muy pequeño,
mi colección de sueños.
Y aún queda espacio para vos.


domingo, 10 de agosto de 2014

Nunca adviertes que miro tu mirada
cuando nadie te mira.
Cada vez que te encuentro aspiro fuerte.

No espero que me encuentres,
que me tomes la mano y me digas aquello..
Ese milagro no tiene posibilidades.

No espero que te enteres o comprendas
por que suelo reírme apenas verte.
No espero que me mires fijamente
como yo suelo hacerlo.

Crecen, silenciosas, las hojas de la cebolla.
De esa cebolla pequeña que desde su vida mínima
fragua vida en sus entrañas
y extiende hacia el cielo falso
tres hojas de verde alba.

Se niega, ella no quiere,
se niega a ser cortada y hervida.
La cebolla cría hojas, por si acaso, todavía.
Y me dicen, esas tres hojas:
Yo estoy aquí, yo soy vida.
No puedo yo así entregarme,
como si fuese cualquiera,
como rindiéndome fácil.
Soy cebolla, y soy mínima,
pero dentro de mi crece,
para mañana, la vida.

Cebolla, pequeña cosa,
picante milagro y tierra.
Ojala nunca se duerman tus hojas,
estas que crecen, pretendiendo inaugurar,
para el gorrión, primaveras.
Cebolla, raíz de lluvia,
alma de capas pacientes,
no romperé tus sueños inocentes.
Esta noche has de dormir
en el cajón de las frutas.
Pero mañana..
Mañana te he de plantar en la tierra.


sábado, 9 de agosto de 2014

He perdido mi anillo, en alguna ciudad
se ha quedado dormido.

Volverá, eso es seguro,
siempre vuelve.
Encontrará el camino
y volveremos a tener sentido.


martes, 5 de agosto de 2014

En un castillo, al otro lado del mundo,
hay una reina que envejece interminablemente
como una vela apenas dorada que no se extingue nunca.
Y en el salón floral cubierto de esplendores
la reina dice sus discursos mientras nadie la escucha.

Hay una reina que recorre silenciosa y distante los pasillos dorados.
Hay arboles de ramas recortadas y ventanas cubiertas
y capas escarlatas corriendo río abajo sobre las escaleras.

Hay hombres que repiten los pasos de hace siglos
y hablan un idioma de títulos y símbolos.
Y hacen reverencias frente a la reina,
que, mínima, contempla desde una majestad inaccesible.


Mi reloj tiene en él cuarenta siglos.
Tiene abuelos engastados en joyas
y ancestros de agua y de madera.

Mi reloj tiene siglos desenrollándose desde sus interiores
tan milimétricamente calculados
que es un milagro esta cajita absurda,
dándome ordenes agudas.

Ay, mi reloj minúsculo.
El dice que el tiempo nunca se detiene
y repite incansable su discurso.
El tiempo para el es una hormiga con patas de metal,
una cinta con coros de chillidos,
una serpiente que nunca se termina.

Este reloj se burla de los griegos.
Las barbas que creían en un tiempo de retornos.
Este reloj de aquí, irreverente y plástico,
los niega con toda la soltura que su esencia encierra.
El dice que el tiempo es una caracola,
una fila de indios, una escalera al cielo.
El tiempo, dice mi reloj, es una linea sola
que, apática, transcurre y nos ignora.


domingo, 3 de agosto de 2014

Hay un hombre, al otro lado del mundo,
que dibuja lagartijas gigantes
con una vara azul y un mágico cuadrado
que, de tan lento, sirve para algo.
Hay un hombre que traza dinosaurios,
como si eso se pudiese sin riesgo a una mordida.
Hay dinosaurios que brillan como fósiles de luz.
Hay velociraptores que recorren nuestras fabricas
en el atardecer, brillando en la penumbra.

sábado, 2 de agosto de 2014

Perdonen, no lo puedo remediar,
mi corazón se transformó en espuma.
Y cada caballito con su arnés,
cubierto de miseria y soledad,
me apunta una burbuja más
en la lista de debes de esta ciudad.

Perdonen, soy la lluvia
que lava los resquicios de la bruma.
Y en el invierno este que pasó
me duele el corazón por tantas cosas.

Hay niños que mueren sin llorar,
que no saben que mueren.
Hay arboles que crujen y se quiebran.
Hay veredas que huyen y se entierran.

Va pareciendo que
lo bueno en la ciudad
se va muriendo.
Se cubre de ceniza,
se hace polvo.


Si Dios cubre de luz
el gesto de tu mano y al trasluz
tus dedos se parecen al cristal que hay en tu voz.
Si Dios camina con tus pies,
pero al revés;
y aunque tu no lo ves,
se refleja en tus ojos.

¿No ves que la ciudad
se rinde, enamorada, a tu pasar?
Que hay una luna sobre ti y una canción
flota en el viento. Nos ríe el corazón.

Dejamos que esta noche ilumines la ciudad,
mientras el río pasa sin cesar y llora en su interior
por que mañana quizá ya no estarás.

Será un poco más gris el día sin ti,
pero la luna esta noche brilla y tu voz
flota en el viento como una canción.


Una vez tuve un conejo.
Pero no me gustaba.
Era demasiado frágil,
demasiado liviano.
Pesaba lo que el viento y su par de dientes.

Tuve un conejo blanco por unos pocos días.
Pero no me gustaba.
Era demasiado mundano,
nunca miró el reloj,
nunca corrió.

Comía, se asustaba,
dormía, no volaba.
Y de pronto, sin causa,
zapateaba.

Tuve un conejo,
y un día se me fue.
Y lo he extrañado.
Criatura hecha de aire..


viernes, 1 de agosto de 2014

Estoy abandonado en la ciudad.
Mi casa es una caja
y mi ventana se abre a un muro torcido.
Estoy abandonado a la ciudad
y no conozco a nadie.
Soy extraño en cada pueblo que visito.
En la ciudad que corre después del puente y el río,
en la ciudad que crece entre palmeras,
en la ciudad aquella del viento y de la tierra,
en la ciudad que quise cuando no sabía de las demás ciudades.
A donde sea que vaya soy extraño,
no tengo residencia.
Son pocos los lugares,
pero en todos existo al borde de la gente.


Cuando hablen de mi aquellos que me ignoran,
entonces seré eterno.
Porque ya no tendré fechas ni nombres ni materia
y estaré como muerto.
Como inexistido.

Habrá un día en que alguien
repetirá conmigo, sin que yo lo presencie,
las palabras que he dicho.
Preguntará y seré la respuesta.

Existirá quien herede mi nombre y mis mínimos gestos.
Quien dibuje dragones como solía hacerlo.
Habrá alguien que lleve mi anillo en algún dedo.
Y entonces me habré difuminado,
como si fuesen nuevos los gestos que he estrenado.