sábado, 31 de mayo de 2014

Desilusión absurda que me encontró y se duerme,
descarada y cruel, sobre mi cama.
Desilusión perpetua, no me deja.
No me abandona ni se pierde en las esquinas.
Ya conoce el camino hasta mi puerta
y visita mis días.

Ojala se esfume, se diluya.
Me abandone y alivie mi ya escasa paciencia.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Esta bien, seré paciente.
Hoy no abriré la boca.
Me callare las cosas que imagino.
No diré que veo un mundo crucificado,
con llagas que recubren los caminos.
Escribiré anónimo y silencio.
Diré solo en azul, en gris y en negro.
Seré casi una sombra, un aleteo.
La hoja del otoño que no percibe
ni tan siquiera el aire que sustenta su caída.

Y sentado en la cima, escribiré canciones
para que no las canten las voces no nacidas.

Que vano que será ser como yo,
y que vacío.
Espero solamente que no sea eterno.

Hay tanto que decir y tantos versos.
Este otoño planeaba ser fugaz y feliz
sobre las hojas.
No quería esta tristeza azul que nos recubre
y nos identifica entre la muchedumbre.
Me duele sonreír en la quijada
y en el gesto se crispa tu mirada.

Tal vez he sido el filo que perforó tu herida.
Tal vez ambos, culpables, nos herimos.

Ay, duele.. y hace frío.
Es tarde, duerme la gente
ajena a mi silencio.

¿Ha sido justo?,
¿o solo fue un error que acariciamos?,
como algunos acarician arañas..

Tal vez lo único cierto es que equivocamos.
Y ahora tengo que volver a callar
para reivindicarme.


martes, 27 de mayo de 2014

Tendremos que alejarnos,
inevitablemente.
Sucederá una tarde
que desconoceremos la mañana
y exiliaremos los pies para otra tierra.

Es casi profecía esto de irse,
saber de la partida
y no la hora.
Aprenderse que somos pasajeros,
en el rincón  y el día.

Tenemos mucha arena por delante,
pero cae, siempre cae y se termina.
Y entonces tendremos que arrastrarnos
contra el viento
aunque lloremos.

Pero conquistaremos otra costa,
algún monte que espere nuestras voces.
Y seremos pasajeros estables en otro rincón
y en otro día.

¿Hemos de irnos?- dijo el viejo.
Y la vieja le contestó que si.


viernes, 23 de mayo de 2014

Tengo hambre.
Tanta hambre que atraviesa mi estomago
y me impide dormir para olvidarla.

El hambre es una feroz melancolía.
Una insatisfacción tan absoluta
que abarca días enteros de nostalgia.

Y como, lo de siempre.. cotidiano.
Y me duermo y no sueño con nada.
Y despierto y trituro los huesos.
Soy feroz, soy salvaje, estoy comiendo.

Pero falta.. No se que es lo que busco
y es seguro que no busco nada.
Solo muerdo porque hace perder tiempo
y al despertar afuera es enero de nuevo.
Al final, la belleza no ha sido suficiente.

Era verano. No existía todavía esta gris desconfianza
que hoy se extiende y separa
tus huellas de mis pasos.
Y en verdad lo lamento.
No esperaba que odiarte me llenaría el silencio.

Y el otoño nos congeló la risa en una mueca
y nos dejo la queja y la tristeza.

El invierno afuera nos espera.
Y hay silencio en los arboles
y la calle murmura.

Fuimos vanos y tristes.
Perdimos el encanto
y en la caja olvidada sonríe, 
desmayado el muñeco
al cual raspamos los colores.

Confundimos los días y cortamos las hojas.

Somos mal perdedores.
El rencor nos carcome.


sábado, 17 de mayo de 2014

Los que te habrían negado te sepultan
y te habrían apartado los que lloran.

¿Como saber que no te habrían odiado
los que echan flores a tu silencio augusto?

Eres de ti mismo una sombra
y solo parte de lo que habrías sido.
Y aun así te alaban y glorían
los que de ser entero te partían.


miércoles, 7 de mayo de 2014

Esa cabeza prevalece sobre la multitud,
ajeno el rostro al describir inutil de los gestos.
Hay algo de salvaje fiereza en ese rostro.
Una belleza antigua que conserva
el traso audaz y duro de los tigres.

Debió de ser terrible cuando su creación.
Pero es maravilloso encontrarsele hoy
como si no hubiese muerto
el tiempo primigenio.

Hasta la risa suave es sigilosa y evoca una tristeza
igual al cachorro que retoza
detras de los barrotes.

No se si se pudiera liberarlo,
dejar que vuelva a ser lo que ya era.
Dejar que vague con su melancolìa
grisaceamente azul, bajo el otoño.

Este cachorro rojo que desea
volar y ser metal dentro del viento
otea el aire aprisionado en la ventana
y el sol le ciega las pestañas.

Este cachorro quiere ser avión;
pájaro audaz y burdo,
pero pájaro al viento.

Este cachorro quiere un sueño
donde las nubes le azoten la melena
y olviden los arboles sus raices
para buscar la abstracción del cielo.

Ha de volar un día,
pero hoy, entre tanto, construye la esperanza.

 
"Tiene el enorme prestigio de haber sido ya dios."
 
Federico Garcìa Lorca



Petunia, es el vestigio de las maneras nobles.
El ajeno recuerdo de tardes de amapolas.
Despereza las garras de olvidada fiereza
con altivez mayuscula de quien sabe su nombre
y no olvida su sombra.

Hubo un gato, hace tiempo, al que ya no se nombra.
Era gris y marrón, era hermoso en el sol.
Pero, como las rosas que florecen tardías,
se extinguió alguna noche su presencia furtiva.
Era un gato marrón, crecido entre el ramaje
absurdo de los arboles.
Ignorante en las ciencias o en las artes,
era suave y goloso, como son los cachorros.

Hubo un tiempo lejano, donde los gatos eran
maravillosos príncipes campechanos
que describían correrías insólitas
y guardaban tesoros de grillos en la arena.

Observaban las tardes con un mirar atento
registrando los gestos vacíos de la gente
desde un silencio cubierto de pelusa.
Se cubrían de sol y ardían en los salones,
auyentando las sombras del invierno.
Hacían de la queja un gesto de ternura inusitada.

Y eran eternos, como los dioses son bajo la arena.

Cuando cazan los gatos, hay duendes en las hojas
y los arboles ríen y sacuden las ramas para que llueva
y duerman, el hocico hacia el sol, estos gordos milagros.

Aquel gato era como las mariposas.
Duran solo un verano y después huyen al norte.
Pero como la golondrina del principe de cristales y oro,
aquel gato eligió dormirse y no volar
hacia las nubes amarillas del verano.

Ella es mínima, suave, un milagro muy breve.
Tiene del otoño el color y del arco el vibrar.
Ay, pequeña canción de misterio hacia el sol..
Como abulta la brisa en tus minimas huellas,
como alumbra diciembre en tu mirada verde..

Pasajera es la vida, es mínima y es bella
en los pequeños gestos, en los mas cotidianos.
En la caza perpetua de la mariposa.

Pero arriba es cruel y nos desgasta el tiempo
y nos confunde el agua de la tristeza y lluvia.
Tajada de melón hasta rozar la cascara,
azucar que diluye el cristal en el rìo.

Los gatos sabían, mucho antes que nosostros,
que no serían eternos las noches y los días.
Aprendieron a difuminarse en la penumbra desde que eran pequeños
y hoy, perdidos en la niebla, nos maullan..

Ay, pequeños de ojos encandilados,
durmamos hasta que llegue el día..