sábado, 22 de febrero de 2014

Algo maravilloso tienen los cachorros.
Nos recuerdan que el mundo no nos pertenece.
Nos ayudan a olvidarnos de la angustia
de la mortalidad y el miedo.

Algo siniestro tienen los insectos
cuando brilla la luna en sus caparazones
emanan volutas de suspiros y temblores
como fantasmas presos
en la eternidad fingida del recuerdo.

Tal vez no fue prudente que se nos revelara
ignorantes del creador inamovible
y de la razón perpetua y trascendente
los secretos del átomo y el verso
del caminar cansino de las bestias
del río interminable que difunde la marcha
fugaz y eterna de los peces.

Tal vez debieron impedirnos que eleváramos el rostro
por encima del agua virginal hacia la estrella
y la diferenciáramos del reflejo.

Tal vez aun podamos ser salvos
y absolver al mundo de la culpa que escondimos en sus mares
y el mal con el cual carcomemos sus entrañas.

Pero tal vez tampoco debimos convertirnos
en esto que ya somos.


jueves, 6 de febrero de 2014

¿Ahora me ves?
Estoy bajo las sabanas,
detrás de las cortinas.
Las telas me diluyen en sus pliegues.

No me ves.
Estoy dentro del cuadro
que perfila el balcón y la ventana.
Me digieren las penumbras.

¿Ahora me ves?
Camino bajo la sombra apolillada y pobre
de estos arboles tristes.

No me ves.
Estoy gritando con los brazos abiertos,
como aquellos profetas,
esperanzados bajo la luz del sol.

¿Ahora me ves?

Aunque tal vez tu rostro no se asome
y seas, entre la multitud,
ignorante de mi búsqueda anónima
entre la multitud.
Tal vez, ni tan siquiera,
estés en la ciudad
y sea en vano buscarte.


sábado, 1 de febrero de 2014

Ay, que noche tan cualquiera
y que noche más triste.
Estas horas, ademanes, palabras
hoy desmayan y matan
al gorrión más ingenuo
de toda la bandada.



Mira como duermen los gatos
sobre alfombras de invierno,
cubiertos de ronquidos.
Son perfectas esculturas
de la mano de Dios
milagrosa y vueltera,
reinventando las formas
iguales y distintas.
Pequeños corazones de espuma,
colas de noche esquiva.