viernes, 30 de agosto de 2013

No crece el algarrobo, no ha querido.
Se tuerce contra el viento, empecinado.
El es firme creyente de su suerte.
Y prefirió hundirse en las raíces
a soñar con las ramas.

Lo evitan los gorriones, no lo quieren.
Torcidas ramas, ásperas y solas,
no sirven para nidos,
no cubren amapolas.

Tenaz y enrarecido, corteza desmigada,
el prefiere raíces antes que ramas.

lunes, 26 de agosto de 2013

Es el invierno afuera.
Esta casa se quema.
Las arañas ya tejen sus mil enredaderas.
La casa se disuelve, se desbanda,
Los muebles trastabillan hacia las ventanas.

Desde adentro el invierno desenvuelve,
polvorientos tejidos con escarcha.
El invierno ya nos golpea en la puerta
y, aunque nos duela, lo dejamos entrar
hasta los dormitorios.

Es el último invierno que tenemos.
Ya no vendrán presurosos los gorriones,
a refundar la vida en el alero.
Ya se acaba el tiempo de los caracoles.
No los veremos despertar al verano.

Están secas las ramas,
y el invierno, en la puerta, nos apura.

domingo, 25 de agosto de 2013

¿Podemos ser así?
No, no podemos.
Hay jueces mas severos que nosotros,
hay dioses mas crueles. Hay verdades.
La envidia es un a flor que no florece.
Pero nos gustaría..

lunes, 19 de agosto de 2013

Amor, cuantos caminos hasta llegar a un beso,
¡qué soledad errante hasta tu compañía!
Pablo Neruda

Yo esperaba el amor como en los cuentos.
Los cuentos que se inventan y que mas nos creemos los ingenuos.
Yo esperaba el amor una tarde cualquiera,
un tropiezo de esquina, una tonta sonrisa.

Yo esperaba el amor con la ilusión prendida,
como el gato que acecha al incauto ratón en la penumbra.
Como el árbol que crece hacia la flor
prometida y efímera de la mano de dios.

Creía en el amor como el indio en la tierra,
como el niño en el padre, como el único dios.
Esperaba la tarde en la cual el amor me golpearía
las mejillas ardidas, la sonrisa aturdida
del que sabe que llega a la caricia.

El amor era entonces el mágico ideal
de las tardes de sol y de melancolía.
El amor era entonces el mas sencillo sueño.
Una tarde de sol, una sonrisa tímida,
unos hermosos ojos, una loca pasión.

Pero nadie me dijo, de ese amor, esta espera.

domingo, 18 de agosto de 2013

Se esconden a espiarla las hormigas,
cuando cruza ausente el jardín.
Es una vieja rosa que florece
cuando habla y recita su latín.
Las hormigas la escuchan cuando dice:
-Es otoño y ya crece el rosal sobre ti.
Y se asombran, hormigas expectantes,
cuando habla la vieja a su jardín.
Y sonríen los gatos que dormitan,
se engalanan las rosas con carmín.

miércoles, 7 de agosto de 2013

A veces me despierto a las seis de la tarde
y descubro que afuera recién despierta el día.
A veces coincidimos yo y el mundo.

El se despierta justo al abrir la ventana
y vuelan retrasados los gorriones.

A veces somos lentos,
absolutamente perezosos,
y de la noche pasamos a la siesta.
El cardo, ese también, florece todavía.
Bajo el invierno atolondrado
inventa para sí una primavera
y expone sus flores en veredas.

El cardo, estoicamente polvoroso,
resiste, se reinventa.

domingo, 4 de agosto de 2013

Un linyera en la calle, que duerme en la vereda,
cada noche reconstruye su imperio.
Una hilera de cajas de cartón que contienen al mundo
y en el mástil caído,
que asemeja a un cartel enrollado,
enarbola banderas de un blanco desteñido.

Cada día es la calle, con el sol, con la gente,
en esta ciudad sin dios y sin gorriones.
Cada día es la calle, cartonero, linyera, mendigo, vagabundo.
La libertina obligación de ser empuja cada día
a caminar la calle con la barba de siempre.
Cada día te enseñas (y a esta altura compruebas)
que la suerte no existe si uno no se la inventa.
Que la vida es destino y el destino un misterio.
Y el misterio es el día que viene por el este.

Yo, que paso a tu lado, no te miro
y te esquivo, casi inconscientemente.
Para mi tu pobreza ya no tiene misterios.
Yo ya sé tu miseria y tus manos gastadas
y tu sombra encogida.

El niño que te mira desde el brazo materno
te apunta con el dedo del asombro infinito.
Los demás ya sabemos. El no sabe y se asombra.

Cuando pase la lluvia y se despierte el día,
levantaras tu ciudadela de cartones,
arriaras la bandera,
y todo volverá a ser trapos, cartón y diarios viejos.
Tus ojos me han puesto triste hoy
y me he quedado así.
Como quiero decirte que lo siento.
Que si puedo ayudarte, ayudaría.

Me has dado vuelta el corazón dormido
y me he quedado triste y desvelado.
Hoy he sentido tu tristeza y tu orgullo,
y tus heridas.

Esas lagrimas que nadie había notado
tuve que verlas yo y han despertado
mi corazón dormido en la ironía.
Juntemos los negritos, los asiáticos,
los cantos de los últimos siux.
Recolectemos la voz de los ancianos,
los gritos de las jóvenes favelas.
Habrá canastas llenas de extraños y de nombres.
Una especie de O.N.U., caótica y burda.
y habrá que comenzar, sin listas,
con pocos protocolos.

Tal vez hasta nos descubramos parecidos.
Un poco diferentes, solo lo suficiente;
para no acostumbrar y sorprendernos.

Ya verán, que tremendo quilombo.
El desastre que haremos alcanzará para ordenar el mundo.
Tal vez hasta podamos conseguir que nos perdonen
las ballenas.
Tal vez hasta apaguemos Hiroshima.

Tal vez, con esforzarnos algo, podemos conseguir la absolución
de Pablo, de Mahatma, de Martin Luther King y de Madiba.
Y sonreirán todas las estatuas de Bolívar.

Hay que matar el hambre en Somalia,
mirar con malos ojos las guerrillas,
hacer como que no sabemos el arte de la guerra.
Y si, eso también. Dejarlo en claro:
Tío Rico no es modelo para niños.

El río bajo el puente está muriendo.
Y apenas comenzaron los deshielos.
Madiba está muriendo.
Se nos agota el tiempo.
Hay que correr, gritar cuanto se pueda.
Ya se carcome el tiempo de la espera.
Hay que parar las balas,
antes de que alcen vuelo. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Llueve otra vez, como al descuido.
Apenas por llover, ya por costumbre.

Ya no tiene esta lluvia la melancolía
divinamente triste de otras lluvias.
Y apenas guarda en si una tristeza,
vapuleada y maltrecha. Mal habida.

¿Qué ha pasado? Que hasta la lluvia
se niega a llover como es debido.
-¿Podrás perdonarme, Señor?
susurra el viejo.
Está muriendo desde el silencio
lúgubre y desmadejado
que amana como un hálito
pegajoso y crujiente.

-¿Podrás perdonarme, Señor?
musita al viento,
cuando este se estanca sobre la mortaja.
Tiene miedo,
memoria de una vida arrastrada.
Ha vivido mucho mas que sus años,
tiene viejos los huesos desde antaño.
Es un resto de hombre que se agota,
una lumbre perdida y vacilante
aferrada con tenazas de alambre
a la vana miseria que lo mata.

-¿Podrás perdonarme, Señor?
¿Podrías?
Una araña es un monstruo monstruosamente feo.
Asquerosa y reptante, con patas de veneno.
Quien sabe que dios la ha soñado.
Que pesadilla se regodeo en su forma.
Que malvado designio culmino en su vida.
*
La vida, esa maravillosa prostituta de formas,
también esta en los monstruos 
y en sus sombras horrendas.
*
Y la araña que repta, se desliza, se trepa
es un monstruo cualquiera 
con su sombra y su forma.
Y la vida la impulsa.

viernes, 2 de agosto de 2013

Me aterran la noche y las estrellas
cubriéndome como una capa rota.
Los arboles me acechan y las sombras
desnudan mis temores y me juegan.

Tanto miedo tengo que me tiemblan
los pasos, se me borran los contornos
y, al dormir, me cubro hasta los ojos.

Perdona si no avanzo, pero tiemblo
cuando miro el camino que me falta.
Tengo temor, perdón, aun de quererte.
Mira cuan grande es esta desgracia
Está bien, ya me rindo
y capitulo, ante tu fas dormida
mis manos y banderas.

No apures, 
por último favor a mi insolencia,
con tu suave silencio de impaciencia,
mi confesión final y mi derrota.
Espérame callando unos momentos;
ya llegará segura tu victoria.

No me mires así, no me prejuzgues.
No es que seas culpable o inocente.
Aunque es por igual tu merito y tu culpa.

Pero mi corazón, tallado en piedra,
ayer latió tan fuerte que hoy me aterra
hasta tu voz, hasta tu cercanía.
Hasta el brillo del sol sobre tu cabellera.

Es que al final, me has derrotado.
Y, aun en la derrota, enamorado.