domingo, 13 de mayo de 2018

Vinieron quince ratas, a escondidas,
con las uñas ansiosas y los dientes,
tan repletas de gula y avaricia
que en una noche comieron una vida
de esfuerzo humano y de miseria ajena.

La media tonelada de fortuna
que un hombre acumula despacito, paciente
como un árbol sus raíces,
puede otro hombre disgregar ardiente
en una pocas horas de alegría.

Más allá de los bordes de la vista,
en otra tierra, en otros escondrijos
la fortuna creció, se hizo sonrisas
en las débiles hojas de un arbusto
brillaban el sol y el agua de la holgura
escondida y fugaz, duramente proscrita.

Pero ellas no sabían. Nada saben
las ratas de la vida humana.
Viven calladas y tontas, ateridas
en el olvido frío de sus nidos
construyen una red de refugiadas.
Apenas tienen hambre, y sed, y frío.
Intuyen el dolor antes de hallar alivio.

Quince ratas vinieron por sus caminos
ante tanta fortuna
con la cola tiesa
les temblaba el hocico, el hambre, el anima
de saberse súbitamente cresas.

No han podido pararlas, una avalancha
de ratas ciudadanas y opulentas
en las esquinas de penumbras ríen
lo que ayer no esperaban.

Y en la ancha ciudad los policías
no han encontrado quien les creyera:
hallaron las ratas mercancías
que fueron custodiadas y escondidas.
¿Quien podría imaginar que apenas ellas
tramaran tan audaces fechorías?


domingo, 6 de mayo de 2018

Estos años han sido tan amables
que los sapos crecieron escondidos
y hoy saltan parcamente alegres
bajo las luces del barrio.
Y este verano trajo tantas lluvias
que se asoman miríadas de insectos.
La paciencia esta noche se sabe recompensada.
Mañana su barriga responderá por ella.

Parece que se han ido, que fueron exterminados
y en sus salones secos no han quedado su voces.
Ya los hombres olvidan el color de su piel.

Pero vuelven, más jóvenes que ayer,
más frescos, delgados, con sus dedos helados
sostienen todavía ese estoicismo gris.
Todo lo que hoy sucede será alegre y completo,
ya mañana ha de verse lo que el viento traerá.
Hoy el hambre del sapo crece bajo la luz.


"A veces quiero preguntarte cosas,
y me intimidas tú con la mirada,
y retorno al silencio contagiada
del tímido perfume de tus rosas."

Gloria Fuertes



Dónde estarás, que ha sido de tus días, 
¿por qué no has vuelto como ayer lo hacías?
Si un momento lo piensas, son preguntas sencillas. 
Como las flores son, como rosas y espinas.


Tengo tres emociones:
pánico, alegría, aburrimiento.
Son verde, amarilla, gris como el cemento.
Son ancho, expansiva, resquebrajado.
Uno surge de pronto, cuando no lo esperaba
se extiende, bambolea, se apoya
sobre mi frente raspa
con su barba y sus cejas.
Ella manda mensajes, avisa
que ha llegado
pero que está en la esquina
o que ha subido a un árbol,
que un gorrión le gustaba
y lo siguió en la calle.
El otro abre la boca
y no entran las moscas.
No respira, no ronca,
se quiebra cada dedo
y deja que rueden
bajo las sillas pálidos.
Sería tenebroso, pero ha quedado quieto.
A veces los encuentro:
camino por la calle
y la veo entre la gente
con su ánimo hambriento
comprando una hamburguesa
y una botella clara.
Se abre una puerta, rota
en el borde la herrumbre
escribe su cansina letanía.
De su rostro una queja emerge y me golpea
pidiéndome que cumpla
todas sus exigencias.
Quedo cansado y mudo,
no espero, no lo escucho
que se sentó en mi hombro
con su cabello sucio
con sus uñas sin brillo,
con su piel sin arrugas,
puro y nuevo, tan viejo,
sin edad no tiene espacio.
Sus ojos son monótonos,
se ríe y no parece
que se hubiese reído.

Se turnan, pareciera.
Se invocan, ha de serlo
que uno llame a la otra
y se sucedan
mas que adentro a mi vera.


jueves, 19 de abril de 2018

Alegría, te llamas
Alegría. Te han dado
el nombre del encanto
mas vivo y cotidiano.
Eres como un cepillo
tan áspero y extraño
pero hermoso, pequeño, como un escarabajo
que se llama Alegría.
La antigua diosa vive en tu nombre dormida,
o crece,
una semilla
en el dolor del hombre
extiende sus raíces
y acaricia la luz que la bondad despide,
la transforma en un temblor
que adentro de los cuerpos se mece.
Alegría en las calles,
bajo el cielo agobiado,
junto al agua incansable,
tu nombre, en tu hociquito
da inocencia y frescura
a tus dientes tan pálidos,
tu gruñido se eleva
como una flor de noche
o una espina en el alba
por que te han dado el nombre
de Alegría.
Pequeño perro feo, que así de bien te llaman.


Acuéstate en el suelo. Las raíces crecen
abajo, en lo profundo de la tierra
abren caminos en la dureza de la roca
buscando agua y sal, respiran
con la alta paz de la arboleda sobre nuestras cabezas;
luego arremeten pacientes, decididos,
desesperados, doloridos y resecos
sienten la humedad, oyen el rumor
que en el corazón del mundo se esconde
en amplias cavernas sumergidas pasea
su antigua majestad embebiendo la piedra.
Y le siguen los pasos. Se afirman en sus bases
buscando los resquicios del mundo.
Puede sentirse su dolor y hambre,
la ferocidad lenta que los habita.
Conduce ahora, como una luz lejana,
en la espesura viviente su esperanza.

Nosotros lo sentimos: su silencio,
su firmeza dura y elevada,
su comprensión del dolor y la muerte.
Ambos páramos debieron atravezarlos
constituyendo refugio a las criaturas;
vinieron las ardillas con su faz de inocencia,
el hambre de los cerdos, las gallinas
pusieron nidos, huevos, inauguraron
una voz renacida a la sombra de tanto silencio.

En su sombra se siente la voz original
los impulsó a aferrarse a la rudeza de la tierra
y hacerse espacio. Oyen la canción del agua
y corren a buscarla. En la paz de su sombra
puede sentirse el dolor y la sed de los antiguos.


martes, 17 de abril de 2018

Florecieron, todas ellas en una sola tarde
pareciera que un susurro les sacudió los tallos
de tan severa forma que abrieron sus coronas
todas ellas alzándose en el sol
al pie de la paz y sueño de las mandarinas.

Más allá del mar, en los valles de montañas azules
los hombres esforzados se inclinan hacia la tierra
y remueven su piel buscando raicillas
que se afirmarán entre las piedrecitas
para alzar a la luz, la sed y el color de la amapola.

Vendrán los dioses de antaño, los duendecitos
se abrazarán a sus tallos y besarán sus hojas;
una sangre pálida subirá bajo la piel verde.
La oscuridad se dormirá en la frente de sus flores.

Entonces vendrán los hombres, gritando entre las flores muertas,
se llevarán las cabezas delicadas, cascabeles oscuros,
nidos y tesoros de tiempos por venir.
Les rasgarán la carne, largas heridas sangrándo
su ánima de sueño y delirio se caerá con lágrimas de aceite.
De ese dolor los hombres probarán el sueño,
la melancolía, el dolor sin gritos, el murmullo y la muerte.
Un blanco heraldo entrará preguntando nombres.